jueves, 16 de septiembre de 2010

instantáneas con mi iphone (1)

La verdad os hará libres. Cajero automático de Sevilla


Me los encontré, a él y a su obra, en el paseo marítimo de Torre del Mar un atardecer de invierno. Y desde entonces, no les he abandonado. La poesía sencilla que, precisamente por su sencillez, llega directamente a cada uno de nosotros y cambia cualquier lugar donde sea leída


El chico ciego estaba literalmente mesmerizado ante la música del violinista del metro. No se movían ni él, ni el perro labrador, y el músico seguía tocando. Y durante los 4 minutos que duró la pieza, los demás dejamos de existir: para ellos y para nosotros mismos porque nos convertimos, todos, en espectadores de un cuadro único, irrepetible. Y durante esos 4 minutos no hubo en el mundo más belleza que la que salía de su violín, música que, del corazón, era hecha sólo para una persona.

Lauticia




Pequeño paréntesis de Pekín a Ciudad Real para recordar con cariño a una persona y un sitio excepcional: Felipe y Lauticia. Una persona y un bar que, más que bar, es uno de esos lugares seguros donde te sabes tranquilo, en paz y donde hay alguien que te dará alimento, conversación y cariño. Una pena que no esté en Madrid, donde, a mi juicio, debería estar. Pocas cosas había mejores que la puesta de sol con Belén, Jose Manuel y Felipe alrederor de un vermutito con selz, unas gambas rebozadas -vulgo "crustáceos" para nosotros- y la eterna sonrisa de quien era capaz de servir quinientos platillos en una tarde, dar mil conversaciones y hacerse querer ecuanimemente pro todo tipo de gente. Espero que sigas ahí, Felipe, porque eres la única institución verdaderamente necesaria de toda una región de España

Las tres grandes ceremonias chinas: la ópera del Chang'an, el espectáculo acrobático del Tiandi y el té del Laoshe

La ópera china es distinta. No es que, como el particular patio de mi casa, se moje como los demás, sino que es una mezcla de ópera, estridencia, coreografías bélicas, color y sincronía única. Y si es en el Chang'an, el sitio de ellos, la cosa gana muchísimo (aunque ganaría más si los melómanos hicieran los comentarios en el entreacto, y no durante las representaciones).


El mejor espectáculo de acrobacias que he visto nunca: tan perfecto que tienen que forzar (creo) que algún detalle salga mal para devolvernos a la real complejidad de lo que estamos presenciando: en mi vida he visto una ejecución tan limpia y perfecta que parezca tan liviana.


Al final hubo que hacerlo y asistir: prescindible, pero típica...

paréntesis sino-jurídico-mercantil: Foreign Invested enterprises (FIE's) y Joint Ventures (JV) en China: nuevas perspectivas

Es tradicional -y necesario, por otra parte- tirar principalmente de Joint Ventures (JV), empresas participadas o Foreign Invested Enterprises (FIE's) para hacer negocios en China. De tal modo que el esquema básico para hacer un buen negocio en el país del dragón sería:

a) seleccionar, registrar y publicitar previa (y debidamente) el producto
b) encontrar un intermediario (no en el sentido occidental) que nos acerque al empresario chino y le comunique confianza, tirando de Guanxi
c) Negociaciones de participación en producción, beneficios, costes... (puede tardar -y tardará- meses)
d) elegir la forma mercantil del proyecto (FIE o JV)
e) proceso burocrático de registros, licencias y permisos

Pero una vez hecho, el producto, la personificación jurídico-mercantil nos va a dar bastante la lata: desde la necesidad de mandar alguien de toda confianza para que supervise todas las fases de los procesos productivos pasando por las cuestiones de import-export, propiedad intelectual.. hasta la propia posibilidad de aprovechar coyunturas económicas malas del socio extranjero para hacerse con la empresa. Recientemente, el Tribunal Supremo chino, siguiendo con el proceso de juridificación inherente a la presente fase de asentamiento positivo, dictó, con efectos desde el 16 de agosto, las "Provisions of the Supreme People’s Court on Several Issues Concerning the Trial of Disputes Involving Foreign-Invested Enterprises,”. A través de las mismas se intentan regular cuestiones como la validez de los contratos en los interregnos, eficacia de licencias e inscripciones registrales o, last but not least, plazo que tiene el socio de la Joint Venture para ejercitar el derecho de tanteo sobre las partipaciones del socio que quiere vender las suyas -para evitar forzar la inmediatez del mismo, con la consecuente imposibilidad de aquel para reunir el dinero y que solapadamente se permita la entrada de otr socio en la JV-. A ver qué pasa con la implementación de estas últimas resoluciones por el Ministerio de comercio y los operadores mercantiles

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Instantaneas de comidas en China

Pato a la cantonesa (no a la pequinesa, ojo) con alacranes. Pasado Qianmen Dajié

Pato a la pequinesa (éste sí) en un hutong pegado a Tian'an men: famoso, pero nos dejó un poco descontentos.

Fideos de té verde con sopa fresca a la norcoreana: deliciosos, dulces, refrescantes y únicos.

Pato en el Quanjude. Una de las cosas a hacer en Pekín, por mucho que se haya convertido en una atracción turística más.

Sushi (soft shell crab sushi, i.e., cangrejo de caparazón blando tempurizado) en el japonés del Conference Center de la BLCU: costó 2,5 euros y estaba tan bueno como el del wasabi del Taj de Bombay, sólo que costaba 20 veces menos, literalmente.

reflexiones a raíz de otra comida "rápida"

Aquel hoy me había apetecido escaparme solito al puesto de dumplings, pedirme un recipiente de Saolong y, junto con una Tsingtao, empaparme unas cuantas definiciones de chino de negocios. Y a la vez que intentaba buscar una imagen nemoténica para recordar el esencial concepto de Guanxi (relaciones humanas y contactos que subyacen, preparan y posibilitan cualquier relación de negocios en China), pensaba que los chinos han comprado tres cosas: el capitalismo, el progreso y una suerte de transición democrática que, cuando menos, se debe calificar de inteligente y más que oportuna(quien inventó eso de "engañar como a un chino" era, probablemente, un resabiado al que habían tongado). Y los han comprado a capón, pagando en líquido, a fuerza de billetes y sin préstamo o hipoteca alguna. Es impresionante cómo han hecho cambiar Pekín en tres años para los juegos olímpicos, como varían ríos, restauran ciudades enteras y crean campus tecnológicos a fuerza no de yuanes, sino de los dólares y euros que han ganado en América y Europa. Y por si fuera poco, los tíos van, nos compran casi toda la deuda pública y nos dan otro (quizás el último) balón de oxígeno a la espera de ver si nos echan o no del SME. Con los chinos está pasando como con la Thyssen, que había que ponerles a ambos una medalla: a la Thyssen por traerse a Madrid la cole del Heini, y a los chinos, por salvarnos el trasero financieramente. En fin, que a veces no se ni qué pensar, salvo que son un pueblo curioso, combinación de mente colmena, fe en el devenir y el dejarse llevar por el fluir de los acontecimientos, y un peculiar orden fruto de la necesidad de convivencia.

cómo trabajamos en España

Real como la vida misma

martes, 14 de septiembre de 2010

Lo que se encuentra en el Rastro


Fecha: domingo 12 de septiembre, con afillao y familia

Lugar: tienda de antiguedades de Roberto. Ribera de curtidores esquina con calle Toledo

Hallazgos: escritorio art Deco en bakelita y calamina, samovar antiguo policromado y conjunto Art Deco reloj y grupo escultórico FIRMADO POR URIANO.

Precio total: 150 euros por las tres cosas.

Todavía se encuentran cositas en el Rastro. Gracias, Roberto.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Piso supera pequetest

Tras tener al afillao -6 años-, Barbara -otros tantos- y a Carlitos -10 años- jugando al escondite entre sus paredes (no se donde repampanos habrán podido esconderse), el piso ha aguantado como un campeón, y lo ha disfrutado. Pequetest superado.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Solo lo evanescente pervive

... Y con lo aparentemente evanescente, quienes se dedican a que no desaparezca, repitiéndolo una y otra vez. En el Templo del Cielo, en el Palacio de verano, en Beihai, en cada remansos libre de los hutong... En cada pequeño espacio de paz se podía encontrar, no sin mucho esfuerzo, a pekineses de edad avanzada escribiendo caracteres en el suelo con agua. Frases y expresiones que eran borradas por el sol de justicia mucho antes de ser acabadas. Y pensé en estos señores, que se despiertan día a día para hacer una labor que nunca acaba porque, en cuanto se empieza, desaparece. Y pensé en la perspectiva de despertarte el resto de tu vida con la conciencia de que nunca podrías acabar ni una frase, ni un pensamiento, o dejar algo que perviviera. Pensé un poco más, y recordé: recordé la parte de los ángeles, esa porción de alcohol que siempre se evapora en todo proceso de fermentación y que es considerada el diezmo que se lleva Dios. Y recordé que no puedo dejar de recordar a cada uno de estos señores que no deja de pintar. Y pensé en que la eternidad es aquello que no tiene principio ni fin. Y entonces, lo vi. Porque si cada cosa que comienzas es borrada por el sol, los principios -cada principio- dejan de existir. Y como has de seguir para que tu obra no muera por completo, tampoco hay fin para esa actividad, con lo que cada autor hace obras eternas y es, a su vez, eterno: porque cada principio, desapareciendo, deja de existir, y no puede haber finales sin principio. Con lo que sólo aquello que desaparece puede seguir vivo. Porque no sólo los angeles se llevan su porción, sino que la eternidad, a cambio, aparece en cada caracter, en cada proceso de creación y continuación. Y eso, señores, es el verdadero eterno retorno.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El cine chino


Aunque iba a colgarlo más tarde, el reciente comentario de mi querido e inefable anónimo sobre Aftershock me sirve para colgar esta fotillo y compartir una reflexión sobre el cine chino: China ha comprado -y pagado en líquido, como explicaré proximamente- principalmente tres cosas: el progreso, el capitalismo y la transición. Pero también ha comprado otras muchas, entre las que se encuentra, quizás como una evlución del progreso, la manera actual de hacer cine de consumo. Un buen ejemplo es goLalago y las macropelículas históricas, pero también se pueden encontrar películas que logran un satisfactorio término medio entre la épica maoista, el relato de acción y catástrofes y los sentimientos. Aftershock es el vivo ejemplo. Creo que el poster le hace una desafortunada publicidad, pues más bien parece una superproducción tipo 2011 que lo que verdaderamente es, y por eso precisé los sabios consejos de Rosa, la surcoreana, para decidirme a verla. Y valió la pena, máxime hoy que, tras ver el acertado comentario de Anónimo, compruebo que coincidimos en una cosas más. Por ello, salve y un abrazo.

martes, 31 de agosto de 2010

Cosas típicas a hacer en China






1.- Ser deslomado por un simpático y servicial guerrero mongol.
2.- Disfrutar de la maravillosa y espontanea ópera norcoreana el día de San Valentín chino (16 de agosto) acompañado por dos surcoreanas mientras que se degusta morcilla de Burgos (también norcoreana), tortilla española "à la Pyongyanaise" (éstos debieron pasar por Asturias antes de meterse en cuestiones de paralelos 38 y similares...), y se bebe licor de hueso de tigre pretendidamente afrodisiaco
3.- Comer alacrán, caballito de mar y cocodrilo
4.- Ser arrollado por la "gestora de autobus" porque sólo pagaste un yuan y te has pasado de la parada que le dijiste
5.- Sacar saltamontes caníbales de tiendas mongolas donde frágiles grupos de italianas (5 por tienda) esperan que las salves de tan feroces y despiadadas bestias.
6.- Comenzar a tomar yogures chinos y no parar, de lo ricos que están, hasta que el decimotercero que te tomas te provoca tales retortijones yogurteros ("yogurtian retortijons") que te doblas by the middle y no te queda más que arrastrarte hasta el maravilloso baño público más próximo.
7.- Llegar tarde a tu propia fiesta, que te has montado en la explanada del edificio 17.
8.- Ser acusado por helenas alteradas de que te has llevado la bolsita de te (1 mierda bolsita que ya se cobraron de sobra los del Laotse café con la factura de la jodía ceremonia del te) que habían regalado al grupo entero: tocábamos a una hebra por persona ( a la pobre y maravillosa Konstatina la indujimos al vicio de la sisha, con lo que supongo que el gobierno heleno nos habrá prohibido poner pie en las tierras olímpicas hasta que las ranas críen pelo)
9.- Celebrar cumpleaños inexistentes en el coin hot pot para brindar con los asombrados grupos de nativos por el homenajeado (yo): los pobres siempre accedían a cumplir la típiquísima y conocidísima costumbre española de que el chico del cumpleaños hace un brindis cruzado con la chica que elige.
10.- Negociar precios en el pearl market aduciendo que no sólo eres un pobre estudiante de chino (a la vez que se enseña la identificación como estudiante de la BLCU), sino que además no eres americano, ni inglés ni alemán, sino mejicano (no se por qué, pero a ellos les respetan). Para sacar barato el móvil Vertu de oro y diamantes -todo auténtico, claro está, que uno siempre tiene 300.000 euros de sobra para algo así...

Giovanni, Paco y el ratoncito que viajó de Panjiayuan a Preciados




Eranse una vez, que se que eran, dos tigrecitos mongoles llamados Giovanni y Paco que, peleados por una cuestión de faldas, fueron condenados a permanecer uno al lado del otro para siempre, y a animar los viajes de españoles tarados, italianas bellísimas y japonesitas tímidas. Tras un tiempo se dieron cuenta de que lo que verdaderamente vale en esta vida no es ejercer poder o infundir temor, sino hacer sonreir, y desde entonces son felices haciendo felices a los demás.

Erase una vez, que se que era, un ratoncito aventurero que, harto de estar todos los días en su marco, siendo expuesto en el mercado de los domingos de Panjiayuan, convenció a un españolito que por ahí pasaba para que le llevara a Madrid. El españolito, en busca de cosas bellas, fijó sus ojos en el ratoncito inquieto, lo miró y captó el mensaje de ayuda porque, en muchas cosas, eran parecidos: eran pequeñitos, a veces se sentían cautivos y querían ver el gran mundo. Con lo que el españolito, armado con sus rudimentos de chino, convenció no sin esfuerzo al dueño para que liberara al roedor de su marco, se lo echó al petate, le metió en la mochila y el ratoncito atisba ya, desde su atalaya en Preciados, el nuevo viejo mundo hasta donde ha viajado.

viernes, 27 de agosto de 2010

China, mes uno, un mes después






Por motivos ajenos a mi voluntad no he podido actualizar el blog durante mi estancia en China, razón por la que fui apuntando, a la vieja usanza, aquello que, por entender medianamente digno de atención, iré colgando poco a poco en los próximos días. Hoy, tras la dura reincorporación al trabajo y aquejado todavía de jet lag brutal tas la llegada de ayer, escribo unas líneas genéricas para justificar por qué este viaje ha valido la pena. Aunque quizás bastaría una frase, que dejo escrita hoy por si a lo largo de la tarde me atropellara un coche o acaecer similar: el martes 24 de agosto de 2010, día de San Bartolo, el abuelo José habría cumplido 100 años, y el martes 24 de agosto de 2010 fui feliz. Feliz como hacía tiempo que no había sido: en la constatación de que sigo vivo, de que sigo con la capacidad de rodearme de gente que puede, a su vez, dar y recibir amor,y feliz incorporado en un variopinto grupo de gente, a su vez, feliz. Fuimos uno, fuimos muchos y fuimos todos, y nos dábamos cuenta de dónde estábamos, de cuándo estábamos y de que lo vivido no se volvería a repetir. Y nos dimos, y bailamos, y abrimos los ojos hasta que casi se nos salen de las órbitas para aprehender, en un día que aglutinó todo un mes, la maravilla de la vida. Miro hacia atrás y pienso en Daniel, Susana, Slvia y Uri, Konstantina, Will, Paul, Juanita, Jessica y Roberta; Rosa-Lola y Alma; Matteo, Giorgio, Joy, Jinsailón (pronunciarlo con lánguido acento italiano), Paul, Valentina, Flo, Giovanni y Paco. Antonio y Carolina...

En Mongolia y las tiendas con insecto dentro
Los dantescos baños,
los maravillosos hutongs.
La cerveza Sing Tao, los cacahuetes blandos y esos yogures en tarro de barro gris que no pude traerme.
Las señoras-gestoras de los autobuses,
el 690 que me dejaba en Qianmen,
Wudaoku.
Las cenas con surcoreanas en norcoreanos de ópera totalitaria, fotos prohibidas y morcilla de Burgos (o de Pyongyang, ya no se).
Las fiestas a la entrada del edificio 17, más popular que la ciudad prohibida.
Los pinchitos de alacranes, caballitos de mar, cocodrilo,
el pato pekinés del Quanjude.
Las compras locas en el Silk Market.
La ópera de Changan, las acrobacias del teatro del cielo y la tierra (Tien di)y la ceremonia del té.
Los maravillos Hot Pots, las pizzas chinas, los dumplings del mercado (4 yuanes la bandeja de 10) y los pastelitos de chocolate.
El frío de Mongolia, el fresco de Mutianu y el agobio del calor en pleno trasbordo de la línea 13 a la 2 en Xizhimen.
Li Laoshe y la voz de nuestra profe cantando por llegar tarde (ni wuan le, que escribiría Matteo)
Las clases intensivas de 8 a 12 de la mañana,
la librería de la BLCU
el Rastro de Pekín
El Pijou
...
Dentro de mí se que todavía, en realidad, no me he ido. Sigo en mi habitación del 17, y en cualquier momento despertaré, y me tocará ducha y clase: nuevo día, nueva lección, como siempre. Y cuando despierte me preguntaré cuánto me queda para volver a Madrid, y esperaré que sea mucho.

(Tengo que comentar este sueño a Daniel que, como hace filosofía, podrá decirme qué significa).

lunes, 26 de julio de 2010

Pekín, día menos uno

terminando los últimos flecos del trabajo, me despido desde Madrid para poder seguir escribiendo en Pekin, donde estaré hasta el 26 de agosto. Cada ser humano alberga dentro de sí un puñado de cosas que considera debe hacer antes de morir, y para mí viajar a China era una de ellas. Es curioso el estado en que la inminencia de un viaje a lo desconocido nos sume: no sabemos lo que nos espera, ni en qué lugar concreto, razón o circunstancia, pero aquel que inicia un viaje sabe dos cosas: que va a aprender durante el mismo y que, de afrontar dificultades, crecerá en autoconocimiento. Llegaré la madrugada de pasado mañana (allí son seis horas más), y espero encontrar una buena conexión Wi-fi, para poder teneros al tanto. Gracias a quienes seguís ahí, y espero no defraudaros: no por la calidad -controvertida y controvertible- de los textos, sino porque sigais encontrando lo que sea, bueno o malo, que os hace seguir. El próximo, desde Pekín.

Un caballero

El viernes tuve el privilegio de conocer en persona a alguien que llevaba siguiendo mucho tiempo. No diré su nombre (aunque supongo que, finalizado el post, estará más que claro), porque espero volver a verle y que tenga a bien compartir algo de lo que cada poro suyo emana. Quedan pocos caballeros, pocos hombres que se vistan por los pies, que se dice, y él es uno de ellos. Profesional de su carrera, de su vocación cinéfila y de la dignidad de quien es ejemplo para muchos, reaccionó a mi irrupción en su despacho como sólo reaccionan los señores: tendiéndome la mano e invitándome a tomar asiento, sin tener la más mínima idea de quien era yo. Y una vez me identifiqué (gracias, Rosa, por la intermediación), se comportó con la sobria exquisitez que se espera de un caballero. Y según íbamos hablando, quiero pensar que se iba estableciendo un flujo de mutua simpatía derivada de coincidencias en pareceres y, sobre todo, en aficiones, que iban desde el cine (donde Eduardo es una autoridad) hasta la literatura de detectives chinos que citan a Gao Xuequin, el comic o la búsqueda bibliófila en páginas de subastas de Internet. Tras lo cual me acompañó a mi depacho, me dedicó el primer número de Nickelodeon y uno de sus libros y se despidió con la promesa de comer juntos en septiembre.
No me conocía de nada, me trató como a un amigo y se despidió con un hasta pronto, un sano apretón de manos y una sonrisa franca. Menos mal que queda gente así, porque si no, nos habríamos perdido hace mucho. Gracias, Eduardo, y hasta pronto

jueves, 15 de julio de 2010

lunes, 12 de julio de 2010

Campeones

... Y espero que no me salte nadie con que si era procedente o no. Para pocas muestras de verdadera espontaneidad que se ven en este mundo, la del niño-hombre que se da cuenta de que, al fin, todo ha acabado y ha acabado bien, es de esas que permanecerán cuando, de aquí a muchos años -espero-, echemos la vista atrás y recordemos la victoria de España en el mundial del 2010. Necesitábamos buenas noticias, y esta es una. Y el buen deporte, el deporte limpio, el deporte que nos reune a todos alrededor de una idea; el deporte que restaña heridas, que nos hace renacer, que despierta sentimientos (que no pasiones), que nos recuerda que todavía podemos vibrar... ese deporte apareció ayer. Y ni la coz de DeJong, ni la voluntaria mediocridad de un Webb que parecía vendido, ni los arranques de desesperación física de una Holanda que volvió a perder -como siempre- la final de un mundial pudieron oscurecer el buen fútbol de un equipo que, brillando, nos hizo relucir a todos y darnos cuenta de que todavía podemos reunirnos y ponernos de acuerdo en algo. Enhorabuena al mejor equipo que ha tenido España.

viernes, 9 de julio de 2010

El pulpo Paul, la crisis económica, la final del domingo y la madre que nos parió

Que sí, que sí, que estoy de acuerdo: que es el pan y circo neroniano de nuevo, que vaya con el talante y ganar la semifinal el día de San Fermín con un equipo eminentemente culé; que si con el pulpo Paul señalándonos como claros ganadores de la final no hay nada que temer, que si la crisis económica, la alienación, el día después... ¿Y qué? Que mis tripas no me dejan hacer otra cosa que emocionarme ante un hecho también incontrovertido: que España, este domingo, juega la final del mundial de fútbol. Por primera vez en la historia. El domingo, como todo hijo de vecino, me pondré la camiseta de España, desempolvaré el album de fútbol en acción de Danone, la cazadora de naranjito, las fichas del mundial 82 con Santillana y Quini y rezaré porque Iker, una vez más, se ponga la camiseta de Arconada para llevar a la selección a la victoria y darse un homenaje más que merecido con la Contador, que la tiene más que a mano. Aupa Villa, Pujol, Xavi, que Pedro esta vez no chupe y que Torres se redima de un mundial pelín flojito. Pongan la cerveza a enfriar, la canción de Mecano de un año más y a soñar, que hace falta.

lunes, 5 de julio de 2010

Moon, de Duncan Jones. Con Sam Rockwell

Excusándome por el tiempo de silencio transcurrido, el reciente visionado de este pedazo de película me obliga a volver al ruedo bloguero. Había oido hablar de ella, pero fue el escuchar accidentalmente su banda sonora, del inimitable Clint Mansell, lo que me llevó a recordar las buenas críticas leídas. Y se quedaron cortas, he de confesar. Las reacciones del ser humano cuando se enfrenta con el hecho de que su vida no es más que una ficción son recreadas magistralmente por un Sam Rockwell qe tira para atrás (no se por qué se prestó al bodrio de Iron man 2, de verdad). Las reacciones, las expresiones, la soledad, los descubrimientos que no debían ser descubiertos, la valentía de afrontar lo que podría no afrontarse, la generosidad... se dan cita en una base lunar, entre un trabajador solitario que va a cumplir su contrato de tres años, su robot y lo que acontece. Dulce, profunda, melancólica y bella. Veanla, pues supera la ciencia-ficción, que no es sino la necesaria excusa para orquestar el fondo que subyace.