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viernes, 26 de noviembre de 2010

El conductor de la UPSE

Durante el viaje a Ecuador me he encontrado con mucha gente, y creo que he aprendido de la mayoría. Pero especialmente de gente como Jorge, el primer conductor que nos llevó de Guayaquil a Santa Elena, y que en pleno viaje reflexionaba sobre la vida en general, sobre su vida en particular y sobre su mayor riqueza, que eran sus hijos. Hasta el punto de que en un momento dado, razonó del siguiente modo su deseo de que su hijo mayor se quedara en Ecuador y no emigrara a España:

-"Yo le he dicho que se quede, que no se vaya: aquí tiene un trabajito en un banco que le da de comer y en el que avanzará, seguro; yo le he dicho que no se preocupe por techo, porque levantamos una altura mi casa y ahí vive con su mujer y su hijita, y estamos juntos todos. Tenemos qué comer y estamos felices sin la tristeza de no saber qué tal le estará yendo: te quedas aquí, en tu país, con tu gente... feliz"

martes, 11 de diciembre de 2007

Paradojas. La paradoja del barbero

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

-- En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería de afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero si por el contrario, no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar ¡pero yo soy el único barbero de allí!
El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió por siempre felíz.