Nos perderemos en elucubrar, divagar, pedantear, reflexionar, existencializar, autodestruirnos, cambiar, darnos segundas oportunidades... Pero esto, esto, te devuelve la verdadera paz y te hace darte cuenta de lo grandes que son unos piececillos, unos ojillos achinados, los deditos de las manos, las encías que, todavía sin dientes, chupan la mano buscando el alimento... Con esto, te quedas sin palabras.
Aquí no tengo nombre, para que seamos todos. Aquí no me llameis por mi nombre porque, como Ulises, soy nadie y, así, nadie podrá hacer suyas todas vuestras voces.