jueves, 22 de enero de 2009
En línea con lo dicho en el anterior post...
Uno de los hitos de la Historia de este maravilloso país, cuyos héroes, como D. Alonso Quijano, siempre han sido fruto de la casualidad, las circunstancias, la necesidad, la locura o, como en este caso, el abuso en el consumo de sustancias diversas: viva Arrabal, su columna de ajedrez en L'Express (que mira que es ameno en ese tema, el condenado) y el Milenarismo.
plantilla/guión para ganar el Nadal / Goya
"Esta es la historia de AUTOSUPERACION de ..., víctima de una sociedad intolerante que, a través de su esfuerzo personal y del cariño de sus padres /grupo de música /grupo de terapia/ amigos de la infancia, se sobrepone a las dificultades, enfrentándose al ... y convirtiéndose, al fin, en una persona libre y feliz".
Por favor, ¿es que se nos han secado las meninges, y sólo utilizamos a los perseguidos para ganar Goyas? Ayer fui a ver bienvenidos al Norte (chez les ch'tmis, en francés), y no me extraña que se esté convirtiendo en la película más taquillera de toda Europa. Siento discrepar de los que piensan que las películas, libros, reportajes... denuncia sirvan para concienciar a la sociedad o, al menos, considero que dicho efecto lo tienen, como mucho, las primeras cinco o diez producciones, pero que un país no sea capaz de hacer películas que no traten de eso... Estas cosas son suficientemente serias como para convertirse en excusa fácil de guionistas y autores sin la más mínima imaginación, y hacerles ricos, sin contar, claro está, que los héroes reales de estas producciones se queman a la primera película que, por ser película-denuncia, les coloca en un cliché del que luego no pueden salir, convirtiéndoles en amargados, en camisetas de moda ya pasadas de moda, en frustrados cuya vida se limitará ya a recordar lo que fueron y que, como Poli o Urtaín, acabarán volviendo a sus orígenes o saltando de un quinto piso. Es duro, pero es la verdad. Señores, volvamos a tener imaginación y dejemos de hacer películas que sólo nos sirven para pensar que, llorando con la víctima protagonista, ya ponemos nuestro granito de arena en la lucha contra las injusticias. Hay que mojarse, no ir al cine a llorar por enésima vez con el dramón fácil, barato y egoista que, además, sólo enriquecerá a Ramoncín y al superdirector superguay que, mientras que va de antisistema, sólo sueña en que le llamen de Hollywood y vivir en Rodeo Drive. Si es que no cambiamos
Por favor, ¿es que se nos han secado las meninges, y sólo utilizamos a los perseguidos para ganar Goyas? Ayer fui a ver bienvenidos al Norte (chez les ch'tmis, en francés), y no me extraña que se esté convirtiendo en la película más taquillera de toda Europa. Siento discrepar de los que piensan que las películas, libros, reportajes... denuncia sirvan para concienciar a la sociedad o, al menos, considero que dicho efecto lo tienen, como mucho, las primeras cinco o diez producciones, pero que un país no sea capaz de hacer películas que no traten de eso... Estas cosas son suficientemente serias como para convertirse en excusa fácil de guionistas y autores sin la más mínima imaginación, y hacerles ricos, sin contar, claro está, que los héroes reales de estas producciones se queman a la primera película que, por ser película-denuncia, les coloca en un cliché del que luego no pueden salir, convirtiéndoles en amargados, en camisetas de moda ya pasadas de moda, en frustrados cuya vida se limitará ya a recordar lo que fueron y que, como Poli o Urtaín, acabarán volviendo a sus orígenes o saltando de un quinto piso. Es duro, pero es la verdad. Señores, volvamos a tener imaginación y dejemos de hacer películas que sólo nos sirven para pensar que, llorando con la víctima protagonista, ya ponemos nuestro granito de arena en la lucha contra las injusticias. Hay que mojarse, no ir al cine a llorar por enésima vez con el dramón fácil, barato y egoista que, además, sólo enriquecerá a Ramoncín y al superdirector superguay que, mientras que va de antisistema, sólo sueña en que le llamen de Hollywood y vivir en Rodeo Drive. Si es que no cambiamos
martes, 20 de enero de 2009
Vinilos
lunes, 19 de enero de 2009
una de las enfermedades de este siglo...
... Es la soledad de quien, por estar con demasiada gente, nunca llega a estar verdaderamente con nadie
viernes, 16 de enero de 2009
Sobre los dos posts previos (que hay que leer seguidos)
... ¿No son el mismo miedo, la misma humanidad y la misma dignidad? No son idénticos porque los escribiera el mismo autor: eso me consta porque, tras concienzuda introversión sobre los mismos (escritos hace 7 -siete- años) lo único que hizo el autor fue sentarse al portátil y transcribir lo que se iba creando línea a línea, párrafo a párrafo, resultado de ver dolor, sinrazón y caos ordenado por la asunción de los verdaderos motores de la Historia: el poder, el dinero y la conquista. Existe una entropía política, un orden en el caos, una razón de la sinrazón, y es el poder ciego y la dominación como pobres remedios de todo tipo de impotencia. Como pobres excusas para el impotente que maltrata a su mujer, para el níño de que se rieron y ahora quiere mandar a multitudes, para el que sufrió y ahora quiere hacer sufrir. El día que compensemos los complejos con un amor que sí existe, seremos felices. Pero para tener amor, hay que estar dispuestos a aceptarlo.
Noche en Dachau
Tengo miedo. Sí, todavía me queda algo de miedo que gastar en la desesperanza de un destino que todavía no quiero, no puedo asumir. Se y no quiero saber lo que me espera. Veo a mis amigos, a mis compañeros de desgracia, de carnicería, despedirse y mirarnos por última vez a los pocos que vamos quedando. Aquí estamos todos, porque no creo que hayan dejado a ningún hijo de nuestra patria –que nunca fue, pero espero que sea algún día- con libertad o con vida. He visto salir por esa puerta a muchos: amigos que son, amigos que fueron y que se vendieron por pan, enemigos que dejaron de serlo cuando compartimos camastro, olores y desolación... y nunca les volveré a ver. Se que he perdido a los míos, porque también salieron, y si no fue de esta puerta, sí lo fue de mi vida. Me gustaría aferrarme a sueños, a esperanzas, pero mi pragmática educación me lo impide, al menos respecto a los míos. Por eso me agarro a otro sueño, que es el de que mi raza, el de que algo de mi sangre, no sea exterminada, y que algún día podamos vestir sin estrellas cosidas en americanas o almas. Y ese sueño ha de ser posible, porque si no, el Dios de mi tierra, el Dios de Israel, no existe, y si no existe, es que en verdad el mundo es demasiado caótico y cruelmente caprichoso como para vivirlo o pensarlo. Esta tarde, cuando vi a Daniel irse, supe que había llegado la hora de morir, aunque no muera en cuerpo hasta dentro de unos días. Preparo mi partida y mi reunión con mi familia, pero antes me gustaría encontrar un sentido a la crueldad, al desprecio, al odio nacido de un pueblo con cultura, pero no por ello siempre con humanidad. Me pregunto cómo se puede seguir y adorar como dirigentes omnipotentes a frustrados llenos de tanto odio, de tanto resentimiento, que toda noción de crear o de amar no cabe en corazones cerrados y ciegos por el fracaso, el desprecio y el temor de que los demás puedan ver sus fallos y reírse. Intento comprender cómo se puede erigir en gobernantes a seres que en sus sueños todavía ven a sus compañeros reírse de ellos, a seres acomplejados por defectos físicos que a nadie importan salvo a ellos, a seres cuyo odio por todo les lleva a destrozar la belleza y a convertir a su pueblo en animales de odio, en bestias contagiadas de podredumbre moral, en imágenes de ellos mismos, para así mirarse en espejos de su propia muerte y no tener que aceptar la finitud y bajeza de sus almas consumidas por un odio que los animales no conocen. Los pueblos conocen la historia y sus ciclos, pero aún así la repiten, ignorando el regalo de la experiencia de siglos de vidas y regímenes políticos y, así, el círculo vuelve a encerrarse dejando dentro muerte y desesperanza. Pero yo, Ariel Rodenstein, esposo e hijo de tres, una vez comerciante y ahora sin nada, les voy a demostrar junto al resto de mi pueblo que quizás afrontando la muerte como la estamos afrontando, en silencio y con dignidad, podamos algún día crear tanto silencio que obligue al menos a uno de ellos a pensar, y si ese uno piensa en el silencio y mira dentro, pueda ver la muerte como algo que no se exorcisa matando a los demás, sino como algo que viene necesariamente, y como algo que juzga y redime, y entonces, en ese momento, en el fondo del vacío, que es oscuro como los hornos, como los paredones, como las celdas en que nos olvidan, como las duchas en que nos asfixian, pueda haber una luz, y esa luz acabe por hacerse tan grande que ilumine los millones de cadáveres y obligue a oler y a ver la muerte, y la corrupción, como algo que también a ellos les llegará. Y entonces, y sólo entonces, puede que reflexionen. Hoy me llevo una luz en mi corazón. Espero que ilumine un alma cuando mi cuerpo muera. Y si es así, seguiré sonriendo toda la eternidad.
(Luis Fernández Antelo. Cien días y cuatro noches)
(Luis Fernández Antelo. Cien días y cuatro noches)
Noche en Ramala
Escribo mi testamento desde la oscuridad de los restos de una casa destrozada, desde los restos de lo que fue mi hogar, situado en un país en ruinas donde la luz sólo ilumina la muerte. Y no escribo mi testamento para dejar algo a alguien, pues me quitaron todo, y así nada tengo que dejar, y a mis hijos los mataron: los judíos o Dios, que los convirtió en mártires, y así a nadie tengo que me recordará. Pero yo sí recordaré hoy, y recordaré con tanta fuerza que mi recuerdo gritará y traspasará los bloqueos y llegará a los oídos de todos los hombres y a los de Alá que es Grande y Misericordioso, y uno y trino, y que dirigió a Moisés en el desierto. Porque tres cosas se, y de esa trinidad estoy seguro hoy, en que moriré junto con mi hogar: se que Dios existe, que es el mismo para todos, y que nos ha abandonado. Hoy creo en Dios, y porque creo en él, no puedo comprenderle. Me llamo Drizz el Ahmeni, y he vivido en esta tierra siempre. Y me gustaría contar la historia de un judío y una palestina que se enamoran y son perseguidos, porque ello querría decir que el amor, aun sólo una vez, existió. Me gustaría contar historias de niños israelíes y palestinos que van juntos a la escuela y hablan entre ellos de sus papás, porque ello implicaría que la comprensión todavía se encuentra. Escribiría sobre claveles palestinos y fusiles israelíes, porque para meter un clavel en una culata hay que estar cerca, y hay que estar vivo. Pero no puedo hablar de nada de ello, porque nada queda, ni siquiera odio. Me gustaría poder odiar, pero he perdido la esperanza y sólo rezo para que Alá nos esté preparando no un jardín de huríes vírgenes, sino una casa pequeña en un lugar en paz. No puedo hablar de odio, porque sólo me queda llorar, y siempre hay lágrimas, aunque pensemos que no nos quedan lágrimas por verter. Sólo quiero tiempo para llenar esta hoja con mi testamento, que es el testamento de un pueblo y de un vivir que es también nacer aceptando la muerte. No somos valientes, pero morimos por nuestras ideas y peleamos aunque sólo sea con piedras. No somos nobles, pero aceptamos la guerra siempre que sea justa. Nunca seremos ricos en poder, pero en nuestras tierras nacieron Dioses que son uno, tres y dos. No sabemos de cábala y quizás por eso no entendemos ni aceptamos nuestros destinos. Veo mi muerte, la he dicho que espere sólo un respiro más y me concede ese favor, porque ha estado esperando a mi pueblo desde siempre y no la importa esperar un suspiro más, pues sabe que iremos a ella voluntariamente. Abro el marco destrozado de mi ventana que una vez fue y me asomo al peor de los desiertos, el desierto de la desolación y de la ruina, el desierto del peor de los silencios, que es el silencio de las risas apagadas. Aquí jugaron Osman, Yafez y Runna, y aquí murieron, y en algún lugar están enterradas sus risas. Pero algún día no serán excavadoras las que las entierren, sino que las palas de los fuertes brazos de la esperanza las volverán a sacar a la luz del día, y después de décadas enterradas, volarán para posarse en los labios de los hijos de la paz. Nunca nos matarán, porque la nuestra es una idea, un sueño, que no es de uno, sino de todos y, como todos los sueños, cada día será soñado por un vivo, y así seguirá en las noches del pueblo palestino para dirigirnos hacia el nuevo día. Miro por última vez mi tierra, mi madre, mi patria, y se que sólo podrá germinar y volvernos a parir en la paz de la conciencia tranquila de un pueblo diezmado pero vivo, y no en el patético orgullo de la sangre. Oigo voces que no entiendo pero que se lo que significan, y me gustaría que esas voces llamaran mi nombre para compartir una Sisha, o un té, o una sonrisa. Pero aun así, saldré y, mientras que salgo les sonreiré, y quizás uno de ellos comprenda que nunca podrán matarme si les perdono: ni a mí, ni a los míos, y así, quizás, con mi muerte alguna otra vida se salve: de mi pueblo o del suyo, ya no importa la nación, ni el bando: sólo importará la vida. Me llamo Drizz el Ahmeni, y hoy muero para vivir para siempre, y para transmitir un mensaje que sólo se aprende oliendo el hedor de la sangre, oyendo los gritos estridentes y llenos de miedo de los moribundos, y mirando las cuencas vacías de los ojos de los muertos sin enterrar: que sólo la vida importa, y que es el regalo más importante de Alá, y que nos ha creado para una sola cosa: para vivir.
Ya llegan. Cierro los ojos, y estoy con mi Morayma, y desentierro las voces de mis hijos, y pienso en dátiles y miel en los labios de mi esposa, y me preparo para vivir para siempre en una tierra donde hay paz.
(Luis Fernández Antelo. Cien días y cuatro noches)
Ya llegan. Cierro los ojos, y estoy con mi Morayma, y desentierro las voces de mis hijos, y pienso en dátiles y miel en los labios de mi esposa, y me preparo para vivir para siempre en una tierra donde hay paz.
(Luis Fernández Antelo. Cien días y cuatro noches)
Gaza
Antes de hablar de Gaza, ¿habría que intentar quedar bien con Israel?. No suelo ir a manifestaciones -lo que no significa que no me comprometa-, ni formo parte de ninguna asociación profesional -lo que en su día puede que me impidiera ser nombrado algo por alguien-, ni ganas que tengo de sobresalir por mi beligerancia en pro de unos u otros, lo que me ha valido que para cierta derecha puede que sea muy de izquierdas, y para cierta izquierda, muy de derechas, como se me ha comentado recientemente. Esta "desafección", si bien tiene inconvenientes en ciertos campos que me importan un bledo policromado, tiene la ventaja de que me permite hablar en pro de las víctimas, sea cual sea su color, religión, origen... espero que sin ser tachado de sectario. Y aunque esté muy manida la frase, es verdad que tengo amigos (y de los buenos) de todas religiones, ideas, naciones -y nacionalidades- y orientaciones sexuales. Y no es una mera frase: al que quiera, se lo demuestro en lo que tardo en buscar un número de móvil en la agenda y llamar a quien tenga que llamar.
Todos estos preliminares vienen a colación para subir dos frases que considero tan ciertas la una como la otra: a) siempre he admirado al pueblo judío y su sufrimiento, pero b) esta vez se han pasado. Había otros modos, y desconozco las razones, pero las cosas se podían haber hecho de otra manera. Lo que ha pasado -y está pasando- no ayuda ni a ninguna causa ni a nadie, y los pulsos se echan en la mesa de los bares, con una jarra de cerveza, la novia y los amigos, y no en un escenario que ya se puede calificar como de guerra. Los medios han calificado estos sucesos de muy distinta forma (la guerra contra el terror de Hamas -la Razón- frente al genocidio de Gaza -el Público-), lo que nos debe llevar a prescindir de los mismos, de lo que nos digan unos y otros, para pensar con el corazón. Y el corazón nos dice a todos que esto, ahora, no está bien. Con independencia de los antecedentes, de los motivos que pueden haber dado lugar a esta acción/reacción del ejército israelí, no lo están haciendo bien. Y no está a la altura de lo que se espera de ellos. El pueblo Israelí a lo largo de toda su Diáspora ha sufrido las más encarnizadas persecuciones, cuyo culmen fue el genocidio de los campos de concentración. Es precisamente ese sufrimiento el que debe servirnos a todos de lección sobre lo que nunca se debe repetir Y es por ello que es precisamente Israel quien debiera devolver bien por mal, para demostrar una superioridad -no sólo militar- de la que pocos dudan. Lo que está pasando no está bien, y nos lo dice cada corazón. Y esa conclusión, arraigada en lo más profundo de cada uno de nosotros, y que no debiera ser monopolizada ni nominalizada por ningún condenado partido político, debiera valer más que mil Think tanks. Por favor, que pare ya.
Todos estos preliminares vienen a colación para subir dos frases que considero tan ciertas la una como la otra: a) siempre he admirado al pueblo judío y su sufrimiento, pero b) esta vez se han pasado. Había otros modos, y desconozco las razones, pero las cosas se podían haber hecho de otra manera. Lo que ha pasado -y está pasando- no ayuda ni a ninguna causa ni a nadie, y los pulsos se echan en la mesa de los bares, con una jarra de cerveza, la novia y los amigos, y no en un escenario que ya se puede calificar como de guerra. Los medios han calificado estos sucesos de muy distinta forma (la guerra contra el terror de Hamas -la Razón- frente al genocidio de Gaza -el Público-), lo que nos debe llevar a prescindir de los mismos, de lo que nos digan unos y otros, para pensar con el corazón. Y el corazón nos dice a todos que esto, ahora, no está bien. Con independencia de los antecedentes, de los motivos que pueden haber dado lugar a esta acción/reacción del ejército israelí, no lo están haciendo bien. Y no está a la altura de lo que se espera de ellos. El pueblo Israelí a lo largo de toda su Diáspora ha sufrido las más encarnizadas persecuciones, cuyo culmen fue el genocidio de los campos de concentración. Es precisamente ese sufrimiento el que debe servirnos a todos de lección sobre lo que nunca se debe repetir Y es por ello que es precisamente Israel quien debiera devolver bien por mal, para demostrar una superioridad -no sólo militar- de la que pocos dudan. Lo que está pasando no está bien, y nos lo dice cada corazón. Y esa conclusión, arraigada en lo más profundo de cada uno de nosotros, y que no debiera ser monopolizada ni nominalizada por ningún condenado partido político, debiera valer más que mil Think tanks. Por favor, que pare ya.
Otros mundos
Paris 
San Petersbuego: aglomeraciones urbanas época URSS
Mar Muerto -Israel-
Bombai
"Hay otros mundos, y están en éste", dijo Jack Sawyer a Roland de Gilead en la épica "Torre Oscura", parafraseando la inquietud humana sobre la irrealidad de la realidad. Según escribo, me entra la tentación de hablar sobre los distintos modos de distinguir realidad de ficción, sueño de vigilia, verdad de mentira... Pero lo dejaré para otro post. En este, me limito a colgar algunas visiones "alternativas" de sitios donde hemos estado, invitándoos a que hagais lo mismo y, si quereis, me enviéis alguna foto inusual de sitios usuales. Un abrazo desde el lecho del dolor donde el gripazo me tiene postrado...
San Petersbuego: aglomeraciones urbanas época URSS
Bombai
"Hay otros mundos, y están en éste", dijo Jack Sawyer a Roland de Gilead en la épica "Torre Oscura", parafraseando la inquietud humana sobre la irrealidad de la realidad. Según escribo, me entra la tentación de hablar sobre los distintos modos de distinguir realidad de ficción, sueño de vigilia, verdad de mentira... Pero lo dejaré para otro post. En este, me limito a colgar algunas visiones "alternativas" de sitios donde hemos estado, invitándoos a que hagais lo mismo y, si quereis, me enviéis alguna foto inusual de sitios usuales. Un abrazo desde el lecho del dolor donde el gripazo me tiene postrado...
Burkina Faso y B.





Espero no contravenir la prometida confidencialidad si cito a una amiga a la que he tomado excepcional cariño en poco tiempo. A la gente se la toma cariño con el tiempo, la convivencia, el roce, las conversaciones, las distintas coincidencias o sus actos. Con Blanca, vistos lo exiguo del tiempo que nos conocemos y el respeto que siento por las personas de su categoría, han sido principalmente éstos últimos los que me han hecho esperar que no se aleje en exceso de un servidor. Para muestra, valga un botón. Es un placer subir algunas fotos del último viaje que B. hizo con médicus mundi a Burkina Faso, para operar -de gratis, se sobreentiende- de cataratas a los que no podían permitírselo, que eran muchos. Me encantaría plasmar todo lo que me ha contado sobre cómo los propios habitantes sentaban prioridades de espera basadas en la utilidad para la comunidad de los candidatos, los milagros de la ciencia, los niños, los no tan niños, los colores, los mercados... pero no puedo (o quizás, me lo quiero guardar para mí). Baste concluir pensando en los distintos modos en que gastamos las vacaciones, y en que no siempre el Todo Incluído en el Resort de Cancún es lo que más paz nos da. Gracias por las fotos, Blanca, y un besote.
miércoles, 7 de enero de 2009
Vuelta
Feliz año. Propósitos de nuevo año: todos. Lo único que necesito es fuerza, ánimo y sueño para cumplirlos. Uno de ellos es no volver a dejar este blog callado por tanto tiempo. Hasta José me ha pegado un toque, así que... Estas vacaciones me han dicho dos cosas que no quiero olvidar: que durante las Navidades sólo los niños pueden ser enteramente felices, porque sólo ellos no tienen nada que añorar, y que lo importante de los años nuevos es que las cosas buenas no cambien. Creo que ambas personas tienen razón. Este va a ser un año de cautelas, de cautos y de comienzos de miedos que hasta hace poco eran meras conjeturas, pero siempre hemos salido adelante y todos sabemos el único problema que no tiene solución, así que de aquí a 365 días lo único importante es que todos sigamos aquí.
Espero que los reyes -que no son los padres, por mucho que el siglo XXI se empeñe en hacérnoslo creer- se hayan portado bien. A mí todavía no se si me han traído la serenidad que les había pedido: habrá que verlo a lo largo del año. Os dejo una lista de cosas de las que tendría que haber hablado y no hablé, aunque nunca es tarde.
Gaza
La esperanza
La desesperanza
Los miedos
Las refinanciaciones
Los plazos de las hipotecas puente
Los cepos de osos
Los cepos de personas
Las minas de racimo
Los racimos de minas
Las tierras de nadie
La cobardía
Las avestruces, sus cabezas, los agujeros en el suelo y el peligro que no desaparece
La imposible serenidad
La imposible paz
Los que no nos olvidan
A los que no olvidamos
Los papis adoptivos
La Navidad
La feliz Navidad
Los belenes
Los árboles
Los niños
Los recuerdos de los niños
Las memorias de los mayores que fueron niños
Las memorias de los mayores que nunca fueron niños
Las memorias de los mayores que nunca pudieron ser niños
Las memorias de los niños que no llegaron a mayores
El egoísmo
El egoísmo intencionado
El egoísmo conscientemente culpable
El egoísmo sin más
Cristo, el Che, Passy y otros pelanas célebres
Madoff, Manson y demás mitos diabólicos
Las pobrezas
Los responsables
Los irresponsables
Los presentables
Los impresentables
Los egos
Los egómetros
Lo que quita el sueño a ciertas personas
Lo importante
Lo verdaderamente importante
La familia
La infancia
John Dunne
Las únicas patrias
Itaca
Las sirenas
Los Ulises
Las metas
Los sueños
La realidad
P.S.- Juan, Lucano, Leonor, José, ISY y los que alguna vez me habéis honrado comentando en este blog: volved a hacerlo, pues ya se resolvió el problema con la publicación de los comentarios. Lo que escribais, como siempre, será inmediatamente publicado, para nuestra satisfacción
Espero que los reyes -que no son los padres, por mucho que el siglo XXI se empeñe en hacérnoslo creer- se hayan portado bien. A mí todavía no se si me han traído la serenidad que les había pedido: habrá que verlo a lo largo del año. Os dejo una lista de cosas de las que tendría que haber hablado y no hablé, aunque nunca es tarde.
Gaza
La esperanza
La desesperanza
Los miedos
Las refinanciaciones
Los plazos de las hipotecas puente
Los cepos de osos
Los cepos de personas
Las minas de racimo
Los racimos de minas
Las tierras de nadie
La cobardía
Las avestruces, sus cabezas, los agujeros en el suelo y el peligro que no desaparece
La imposible serenidad
La imposible paz
Los que no nos olvidan
A los que no olvidamos
Los papis adoptivos
La Navidad
La feliz Navidad
Los belenes
Los árboles
Los niños
Los recuerdos de los niños
Las memorias de los mayores que fueron niños
Las memorias de los mayores que nunca fueron niños
Las memorias de los mayores que nunca pudieron ser niños
Las memorias de los niños que no llegaron a mayores
El egoísmo
El egoísmo intencionado
El egoísmo conscientemente culpable
El egoísmo sin más
Cristo, el Che, Passy y otros pelanas célebres
Madoff, Manson y demás mitos diabólicos
Las pobrezas
Los responsables
Los irresponsables
Los presentables
Los impresentables
Los egos
Los egómetros
Lo que quita el sueño a ciertas personas
Lo importante
Lo verdaderamente importante
La familia
La infancia
John Dunne
Las únicas patrias
Itaca
Las sirenas
Los Ulises
Las metas
Los sueños
La realidad
P.S.- Juan, Lucano, Leonor, José, ISY y los que alguna vez me habéis honrado comentando en este blog: volved a hacerlo, pues ya se resolvió el problema con la publicación de los comentarios. Lo que escribais, como siempre, será inmediatamente publicado, para nuestra satisfacción
lunes, 8 de diciembre de 2008
De redentionis
Para excusar un excesivo trasunto (y retraso) en la actualización de este blog, no hay perdón, aunque sí excusa: el tiempo, el caos, las sobrecargas neuronal y emocional, Granada, Sevilla, Barcelona, las mediaciones,las resoluciones, las dudas, la vida que te vive y te lanza sin tener en cuenta qué es lo que de verdad necesitas... Estoy en el Aeropuerto de BCN, mi vuelo se va a retrasar más de una hora, y aprovecho el primer estado de serenidad en más de un mes para reivindicar mi derecho -y el de casi todo ser humano- a la redención (quedan fuera Hitler, Stalin, los etarras y demás fascistas). Tras dos días con Antonio Bernal y Mercedes, es decir, los papis adoptivos, vuelvo a focalizar, máxime teniendo delante la portada del Superjoyas en que Antonio ha representado el "cuento de Navidad" de Dickens con un Scroodge sobrevolando Londres de la mano del fantasma de las Navidades presenttes, por encima de unos niños construyendo un múñeco de nieve. La Historia de la Humanidad es la Historia del eterno anhelo de redención: desde Saulo de Tarso hasta Darth Vader, pasando por Falstaff, Ebenezer Scroodge o todos los malos que al final se hicieron buenos, el único verdadero anhelo de todo ser humano es disponer de un minuto en que podamos enmendar todo lo malo, lo oscuro, lo maldito y secreto que alguna vez hicimos a alguien y/o a nosotros. Siempre llegamos a un punto, antes o después, en que algo nos dice que tenemos que parar: que tenemos que sentarnos y arreglar los desarreglos. No volver a empezar, porque ni se puede ni se debiera querer: es una cuestión de cambiar, de arrogarnos una nueva -y para algunos- última oportunidad para ser mejores, que no es sino merecer ser queridos. Y esa necesidad se nos pone de manifiesto de muchas maneras, nunca buenas, pero siempre determinantes. Para algunos es un accidente; para otros, un despido, un divorcio, la muerte de alguien que se fue sin perdonarnos, las transaminasas altas, orinar sangre o el desprecio del padre (o del hijo). Lo importante es que la vida nunca te susurra al oido que es tiempo de cambiar. La vida no tiene miramientos y, simplemente, te atropella dureo, aunque sin matarte. Y sólo unos pocos, los que son sabios, aún sin saberlo, se dan cuenta de la necesidad de cambiar antes de que sea demasiado tarde. A mí en un mes no me ha pasado nada de esto, aunque tampoco soy sabio, pero... Tengo ganas de que llegue la Navidad, pues tiro para Málaga, y tiro sin nadie: sólo con unos cuantos libros, unas zapatillas cómodas para pasear y las ganas de saber si mis insuficiencias respiratorias son por la lógica ansiedad, como dice Luis Felipe, o por otra cosa. En todo caso, ha llegado el momento del orden, siquiera transitorio, y del coligo virgo roses pues, si no, puede que no las pueda recoger y las tenga que ver crecer desde la raiz.
Perdón por el vacío, pero nunca es tarde para intentar ser mejor. Hoy, por ejemplo.
L.
Perdón por el vacío, pero nunca es tarde para intentar ser mejor. Hoy, por ejemplo.
L.
jueves, 30 de octubre de 2008
Carta a quien no conozco
Llevo buscándote toda la vida, y aún no te he encontrado. Escribo estas líneas para dártelas cuando te encuentre porque, cuando las leas, sabrás que es verdad todo lo que te haya dicho, que no será ni más ni menos que esto, lo que siempre he sentido sin saber por quién. Llevo toda una vida sin saber completamente quién soy y, sobre todo, sin saber para qué estoy aquí. Busqué la felicidad en la satisfacción de mi ego. Leí hasta dudar de mi propia capacidad para seguir leyendo, para darme cuenta de que somos lo que somos sin necesidad de saber por qué lo somos, pero que no podemos ser nosotros sin saber para qué existimos. Analicé cada músculo y tendón, cada órgano y estructura, para darme cuenta de que estamos hechos para vivir y seguir vivos, pero no pude saber para qué tanto empeño en que vivamos. Busqué en todos los sitios, pregunté, leí y, al final, volví al mismo sitio. Y cuando comprobé que de tanto avanzar había vuelto al principio, me di cuenta de que nuestra existencia es, como la Tierra, un círculo en que todo vuelve a su principio, en que nacemos sin saber para morir preguntándonos, en que nacemos sin andar para morir tumbados, y donde nacemos con una bocanada para acabar, al final, con un suspiro. Y si al final no somos sino lo que éramos al principio, es porque nunca acabamos, porque nunca morimos. No recuerdo cuando nací, y no me daré cuenta cuando esté muerto, con lo que, para mí, soy eterno. Y así, es eterno el hombre, cada hombre, porque cada uno de nosotros tiene un mundo entero particular formado por sus percepciones. Y por eso no hay un solo mundo: hay tantos mundos como seres hemos vivido en él, con lo que el mundo será infinito en nosotros, también infinitos. No hace falta buscar el infinito en las fórmulas matemáticas, cuando está en cada uno. Y si somos infinitos, si no morimos nunca salvo en las percepciones de otros que para nosotros habrán dejado también de existir. Si somos infinitos y somos creadores con nuestra imaginación, ¿qué nos queda, sino pensar para qué lo somos? He pasado toda mi vida sintiendo, y lo que más he sentido es amor: amor por unos padres que representan todo lo bueno; por un abuelo que me enseñó a reflejar lo que pensaba, en papel y en corazón. Amor por las mujeres que me acompañaron. Amor por un Dios que me creó en mi limitada infinitud y en la posibilidad de percibirla. Amor en general y en particular, amor que se traduce en la necesidad no sólo de agradar para ser amado, sino en la necesidad también de tener alguien a quien amar. Y ese amor que duele para llenarnos, que nos llena para doler; que nos hace sentir felices cuando nos acecha la tristeza y que a veces es también la tristeza misma, puede que sea el mismo Dios. Percibimos a Dios cuando somos felices y cuando estamos tristes; concebimos a Dios como creador, como lo que nos llena y nos acompaña; como quien lo llenó todo cuando no había nada, como quien estará ahí cuando no quede nadie, quien nos acompañará en nuestra soledad; quien nos aconseja gratuita y sabiamente y, con su sinceridad, es capaz de hacernos ver cuándo hemos errado para que nos corrijamos y, así, mejorar. Ese Dios que no está sólo fuera sino que lo percibimos también dentro de nosotros en la propia existencia de una conciencia, que se escinde de nosotros para decirnos lo que hemos hecho mal. El amor que todos tenemos la necesidad de sentir y dar, el vacío que todos hemos sentido alguna vez, la innegable percepción de que hay algo más, y de que sólo el amor lo llena, puede que sea aquello que llamamos, en nuestra finitud, Dios.
jueves, 16 de octubre de 2008
Villancico Olabidea ¡¡¡NUEVO¡¡: "Llega Gaspar"
Pido, ruego, suplico, imploro, me arrodillo, me arrastro... ante quien me consiga un puesto de lo que sea en este Colegio. Que alguien oiga mi clamor que, de profundis, va dirigido a compartir, siquiera un mesecillo, mi vida con estas señoritas tan simpáticas, ocurrentes, dinámicas y... y... No encuentro palabras, de verdad, pero mataría por ser ese gaspar que, con el lógico rostro de satisfacción, se pasea, poderoso y sabedor de las envidias que provoca, entre sus niñas: debe ser el portador de la "oveja naranja" del año pasado. El Master del Universo, el puto amo, el ídolo de multitudes... ¿se puede opositar a Rey Gaspar del Olavide?
martes, 14 de octubre de 2008
dueños de nuestroa actos y esclavos de sus consecuencias
Somos libres para optar por hacer -o dejar de hacer- lo que nos apetece, pero esos actos u omisiones nos encadenan, esclavizándonos, a sus consecuencias. El orgullo mal entendido, la dignidad estúpida (cosa distinta de la estúpida dignidad), el despecho, los sempiternos e infructuosos intentos de dejar las cosas "bien claritas" desde el principio y similares motivos son, si no legítimos, sí posibilidades, opciones a escoger. Pero nos esclavizan y nos obligan a ser consecuentes. No coherentes, concepto quizás más global: consecuentes. De modo que aliento a todos a que no intenten cambiar a los demás, ni siquiera corregirles. Sentémonos, hablemos, comuniquemos aquello que nos duele a la otra persona, y esperemos. Y si la cosa no va, cojamos el petate y, sin ira pero también sin marchar atrás, larguémonos. Consejo de amigo y, hasta cierto punto, de amante. Bona tarda, que dirían la Timonaca y el Quim.
domingo, 12 de octubre de 2008
... Acabo de ver...
... las fotos de Juan Antonio, Georgina, Cabañaco, el Moreno y los peques, Ibañez, Timonaca, Fernando, Dani, los gemelos derechosos, Jesús, Angel, Lusito, Vicente, Juanma, el tomellosero, Eva, la yaya, Jesús el regis, Javi, París, Joaquín y Rakesh en la India, mi ahijado, mi hermano, Boston, Silvia, Sara y su colonia falsa, el piso reformado, todo el cine que me queda por ver, la mejor juventud, Eva, Paco, Mrs. Miller, el Real, Battiato, los papis adoptivos, los de verdad, Quim, Montse... y anda que no me quedan cosas por ver, hacer, sentir y amar. Buenas noches a todos.
La tristeza que queda
Son las cuatro de la mañana del domingo. Acabo de volver de estar con alguien a quien, en su día, quise más que a nadie. Alguien con quien, en su día, hice, por primera y única vez, planes de familia, de hijos, de no cansarnos nunca el uno del otro... y en su día se acabó. Y hoy nos volvimos a ver, y me dí cuenta de dos cosas: de que las heridas sí cicatrizan, y de que si bien nunca vuelven a sangrar, supuran tristeza. Una tristeza tan profunda, tan triste y desarraigada, que no deja ni llorar, que no nos permite volver a mirar a quien en su día amamos, pero no por volver a amarla, sino por el dolor de darnos cuenta de cómo, hasta el amor, se pierde, también, para siempre. Estoy sólo, en la cama de mis padres, y hoy mataría por tener a alguien conmigo. Y hoy, sólo hoy, daría amor físico para que alguien me devolviera cariño. Miro el móvil y creo, espero, que alguien sí podría estar aquí. Pero sería tan injusto: tan ruín, tan canalla, que dormiré sólo, para poder mirarme por la mañana al espejo y, por lo menos, no encontrarme a un hijo de puta devolviédome la mirada. Miro él móvil, lo vuelvo a conectar, pero para escuchar las últimas frases de Roy Batty y darme cuenta de que la vida, también, es dolor. E incomprensión. Y rabia al ver cómo se nos castran sueños antes de que se hagan realidad. E indignación al ver cómo siempre amamos a quien menos lo merece. Hoy hasta Dios se ha puesto en contra de este encuentro. No creo en quienes ven en la lluvia, en los sitios que acaban de cerrar, en los taxis que no se encuentran... signos adversos. Pero esta noche, de todas las noches y por única vez en mi vida, sí creo que Dios firmó con seudónimo, y utilizó las circunstancias como indirectos representantes para decirme que lo que acabó, acabó; que la vida sigue maravillosamente y que en este mundo y en este futuro que lleva comenzando todas las mañanas desde hace dos años, hay otra gente, maravillosa, dulce y que nos quiere o nos querrá. Lo que duele no es el dolor, sino la tristeza, y la necesidad de ser coherentes con unos ideales que hoy, siquiera hoy, me obligan a dormir sólo. Sigo escuchando a Roy Batty diciendo que es hora de morir al tiempo que deja volar la paloma y Deckard le observa apagarse, con su pelo rubio resbalando lágrimas de lluvia y vuelvo, una vez más, a extender mi brazo izquierdo por la cama, y encontrarla vacía. Y escucho a Bruno Ganz en el cielo sobre Berlín tomar la cabeza del moribundo e insuflarle, para que parta en paz, las últimas imágenes de patatas, embarcaderos, cruces del sur, lejanos Orientes, el gran norte, el salvaje Oeste, el gran lago de los osos, la isla de Tristán de Cunha, el delta del Mississipi, Stromboli, las viejas casas de Charlotenburg, Albert Camus, la luz de la mañana, los ojos del niño, nadar cerca de la cascada, las manchas de las primeras gotas de lluvia, el sol, el pan y el vino, dar saltos, la pascua, los nervios de las hojas, la hierba que fluye, los colores de las piedras, los guijarros del lecho del río, el mantel blanco al aire libre, el sueño de casa en casa, los que duermen a nuestro lado,la paz del domingo, el horizonte, el resplandor de la luz en el jardín, volar de noche, andar en bicicleta sin manos, la belleza desconocida, mi padre, mi madre, mis hijos que np son pero serán... y se que puedo plasmar en este blog-refugio todo lo que sienta, todo lo que llore, porque ella nunca leerá estas líneas, ni se preocupará nunca por saber quién era Bruno Ganz o dónde estaba el Shangri-La. Y entonces recuerdo por qué lo dejé, y por qué estoy triste. Y por qué lo que nunca fue nunca podrá ser, por mucho que nos empeñemos en querer verlo donde nunca estuvo. Y por qué al fin, la conciencia de cómo la belleza nos hace ver luces y colores donde no hay sino grises o negros nos deja, si no vacíos, sí secos y con sed: o mojados de lluvia que no seca. Con los ojos borrosos de lo que nunca debimos ver. Con ganas de volver y hundirnos entre papá y mamá, como hace tantos años. Sólo que papá y mamá ya no pueden estar, y los peluches ya no son de peluche, sino de corazón.
viernes, 10 de octubre de 2008
Mortal y Rosa. Francisco Umbral
En esta mañana gris pero blanca, en que todavía el estado de ánimo no se me acaba de definir (más por cansancio que por otra cosa: ayer fue una velada buenísima), os regalo un trocito del mejor libro de alguien que hace poco que falta y al que, quizás, se le echa un poco de menos. Mortal y Rosa es uno de esos productos del ser humano que no es que llegue al corazón, sino que parece que salió del corazón de cada uno de nosotros. Es como si Paco hubiera buceado en lo que siempre quisimos decir pero nunca supimos cómo, y lo hubiera sacado a la superficie en la forma más perfecta y bella posible.
"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
0Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo, bajo un viento banal, sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar".
Gracias, Paco, y por mucho que quisieras, nunca tuviste tan mala leche, al menos, con las personas (con Otro quizás tuvieras razones para estar enfadado, pero a estas -y esas- alturas ya habreis hecho las paces)
"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
0Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo, bajo un viento banal, sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar".
Gracias, Paco, y por mucho que quisieras, nunca tuviste tan mala leche, al menos, con las personas (con Otro quizás tuvieras razones para estar enfadado, pero a estas -y esas- alturas ya habreis hecho las paces)
jueves, 9 de octubre de 2008
Un pajarito me ha dicho...
... Que Doña Leonor se ha metido por estas páginas. Pues un beso, Señora de C., y eres bienvenida siempre que quieras y puedas. Con gente así da gusto.
lunes, 6 de octubre de 2008
Joaquín en "Madrileños por el mundo"
Ahí está mi Joaquín, y ahí estuve yo. Podreis pensar que es un poco escéptico, un poco distante con las tragedias que le rodean... pero es la única manera de sobrevivir indemne, sin volver a los diez días con depresión. Los 11 días que yo estuve casi acaban conmigo a nivel emocional. Joaquín lleva ya casi un año, y los que le quedan (aunque ahora está aquí, con su Lauren, en casita: lo mínimo que puedo hacer para devolverle todos los detalles que tuvo conmigo en Delhi).
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