jueves, 2 de diciembre de 2010
Blog dedicado a Jabba el Hutt
Presionando aquí lo vereis: todo tipo de frikadas centradas no ya en Luke, Vader o Ben Kenobi, no, sino en el baboso Hutt jefe de contrabandistas de Tatooine que se atrevió a congelar a nuestro Han Solo en carbonita (canallada que no quedaría sin venganza, obviamente). El frikismo no conoce límites señores, y mucho menos para quienes nos abandonamos a él con los brazos abiertos
Datos
Información,
datos,
nombres,
historias,
maneras de procesar,
lenguajes de procesamiento,
mil lenguas para expresarlos
mil razas por mil lenguas
(que multiplican a la millonésima cada dato)
tecnología de datos
que también requiere de datos sobre cada una,
religiones
filosofías
visionarios, filósofos y masas
lugares
datos de lugares.
Colores de ojos.
Premios Nobel,
historias,
cuentos,
fantasías en élfico,
razas Wookie,
guerreros Klingon,
lis imperos de una Historia que no vivimos,
Las vidas de los otros,
la vida de los otros
la eternidad y un día
(el mañana).
Aquellos en quienes confiamos
(que pueden estar lejos y seguir aquí)
y nuestros enemigos
(que han de estar cerca)
Dios,
el vacío
la Nada
-que es lo que está mas lleno).
Notas musicales
en instrumentos diversos.
Olores,
sabores,
texturas
tonos
...
Datos.
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historias,
maneras de procesar,
lenguajes de procesamiento,
mil lenguas para expresarlos
mil razas por mil lenguas
(que multiplican a la millonésima cada dato)
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que también requiere de datos sobre cada una,
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Colores de ojos.
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lis imperos de una Historia que no vivimos,
Las vidas de los otros,
la vida de los otros
la eternidad y un día
(el mañana).
Aquellos en quienes confiamos
(que pueden estar lejos y seguir aquí)
y nuestros enemigos
(que han de estar cerca)
Dios,
el vacío
la Nada
-que es lo que está mas lleno).
Notas musicales
en instrumentos diversos.
Olores,
sabores,
texturas
tonos
...
Datos.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Raphael, el putamo
Este tío es la leche, señores. Ayer asistí a un espectáculo sociológico que ríete tú de los conciertos de Bruce, los Luthiers, i musici o los Berrones. Raphael, a sus 68 años, la montó en el Compac y, durante más de dos horas y media, énardeció (literalmente: tenían que ver a las señoras totalmente alteradas en más de un sentido) a un público más que entregado. Creo, de hecho, que nunca he visto un público tan fiel, leal y ansioso de escuchar a un tío que, queramos o no, ha estado en el peculiar candelero del glam-casposismo durante medio siglo literalmente. El tío se gusta, vive en su mundo, actua como si ese mundo fuera el mundo de verdad, y a la gente le encanta. Y además, el jodío se atreve con todo: desde los tangos pasando por las rancheras y las versiones de canciones de ahora hasta lo que él llama "las joyas de la corona". La unica pena es que no cantara la balada triste de trompeta: si lo llega a hacer, a este su humilde servidor le da un pasmo ahí mismo. En fin, que de verdad que valió la pena. Espero que tengamos Raphael para mucho, porque el tío, de verdad, es la releche.Esta tarde, a la metralleta a buscar singles suyos.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Capilla del Hombre. Quito, Ecuador
El conductor de la UPSE
Durante el viaje a Ecuador me he encontrado con mucha gente, y creo que he aprendido de la mayoría. Pero especialmente de gente como Jorge, el primer conductor que nos llevó de Guayaquil a Santa Elena, y que en pleno viaje reflexionaba sobre la vida en general, sobre su vida en particular y sobre su mayor riqueza, que eran sus hijos. Hasta el punto de que en un momento dado, razonó del siguiente modo su deseo de que su hijo mayor se quedara en Ecuador y no emigrara a España:
-"Yo le he dicho que se quede, que no se vaya: aquí tiene un trabajito en un banco que le da de comer y en el que avanzará, seguro; yo le he dicho que no se preocupe por techo, porque levantamos una altura mi casa y ahí vive con su mujer y su hijita, y estamos juntos todos. Tenemos qué comer y estamos felices sin la tristeza de no saber qué tal le estará yendo: te quedas aquí, en tu país, con tu gente... feliz"
-"Yo le he dicho que se quede, que no se vaya: aquí tiene un trabajito en un banco que le da de comer y en el que avanzará, seguro; yo le he dicho que no se preocupe por techo, porque levantamos una altura mi casa y ahí vive con su mujer y su hijita, y estamos juntos todos. Tenemos qué comer y estamos felices sin la tristeza de no saber qué tal le estará yendo: te quedas aquí, en tu país, con tu gente... feliz"
Greenaway, el Palazzo de la Civiltá de Roma, Speer, Haussman y Étienne-Louis Boullée



Revisitando "el vientre de un arquitecto" del estético Peter Greenaway y su maravillosa BSO (que, curiosamente, no es de su leal Nyman, sino de Mertens, por cierto de las mejores) recordé la omnipresencia del mussoliniano Palazzo de la Civiltá Romano en la estética de las últimas décadas -Vid. Titus, de la oscarizada Taymore-; lo jodida y tristemente impresionante que me parece la arquitectura autoritaria, y que lo que quiso hacer Speer con Berlín no es más (ni peor) que lo que logró hacer Haussman con Paris: 3 siglos después, muchos pastiches resultan, cuando menos, aceptables (y, si no, que se lo pregunten al palacio de Carlos V, en medio de la Alhambra). Hay arquitecturas posibles, imposibles y frustradas, y la arquitectura de todo autoritarismo suele reunir las tres características salvo cuando logra consumarse, que se perfecciona. Pena que el Señor Boullée estuviera aquejado de tantas fobias, y pena que no viva en este s. XXI: la mayor parte de las obras que están dejando boquiabierto al mundo, son fruto de su herencia.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Of course, the say every atom in our bodies was once part of a Star:
Maybe I'm not leaving: maybe I'm going home
(Gattaca, una de las mejores películas sobre afán de superación, voluntad y triunfo sobre la adversidad que se han hecho. Y también, sobre el triunfo del amor fraterno sobre la envidia y el resentimiento. El odio, con voluntad, también se vence)
(Gattaca, una de las mejores películas sobre afán de superación, voluntad y triunfo sobre la adversidad que se han hecho. Y también, sobre el triunfo del amor fraterno sobre la envidia y el resentimiento. El odio, con voluntad, también se vence)
jueves, 18 de noviembre de 2010
Desde la Península de Santa Elena (Ecuador)...
... Y entre clase y clase de Neoconstitucionalismo y Sumak Kawsay (10 horas día, en serio), dejar nota a desarrollar para cuando vuelva a Madrid: este país vale mucho la pena.
La Capilla del Hombre, de Oswaldo Guayasamín
La subida al Pichincha
El barroco de la Basílica de la Compañía
El Centro Histórico de Quito
La chocolatera de Santa Elena
Guayaquil
Las cotonas (guayaberas, pero de manga larga) de la UPSE
Las reflexiones sobre el neoliberalismo del Sr. Correa
Los ceviches de Cevichelandia y la cerveza Pilsener
El pan de Ambato (ambateño: al fin se lo que era el rótulo de la tienda de la calle Segovia)
La Sierra y el Litoral
Las tribus indídenas
Las tres leyes (no robar, no mentir y no ser perezoso)
Los bailes típicos
El color
La vida
La felicidad
(Gracias, Sr. Purcachi, por la oportunidad)
La Capilla del Hombre, de Oswaldo Guayasamín
La subida al Pichincha
El barroco de la Basílica de la Compañía
El Centro Histórico de Quito
La chocolatera de Santa Elena
Guayaquil
Las cotonas (guayaberas, pero de manga larga) de la UPSE
Las reflexiones sobre el neoliberalismo del Sr. Correa
Los ceviches de Cevichelandia y la cerveza Pilsener
El pan de Ambato (ambateño: al fin se lo que era el rótulo de la tienda de la calle Segovia)
La Sierra y el Litoral
Las tribus indídenas
Las tres leyes (no robar, no mentir y no ser perezoso)
Los bailes típicos
El color
La vida
La felicidad
(Gracias, Sr. Purcachi, por la oportunidad)
viernes, 12 de noviembre de 2010
Mortadelo y Filemón, contraportada original de Ibañez
miércoles, 10 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Mondo bizarro: Forbidden zone, guns on the Clakamas y, cómo no, Pink Flamingos

Entre Danny Elfman, Bill Plympton y, cómo no, Divine, nos van a volver (más) locos a todos. El otro día revisité la Zona Prohibida, el clásico bizarro de 1981 y, de verdad, no se para qué fumar petas cuando tenemos cosas como éstas. Junto con Pink Flamingos y el Mockumentary de Plympton (gracias, Jebediah, por descubrírmelo hace 10 años, ahí por Barna), lo peor -dicho con cariño-: todavía no se si pueden propiamente gustar, pero son dignos de ver y comentar. Mondo bizarro, mondo brutto.
Prozac en el agua corriente Más noticias curiosas, y esta de 2004)
Cito literalmente de la web de BBC News (8 de agosto de 2004, hace ya más de 6 añitos: cómo será ahora):
"Traces of the antidepressant Prozac can be found in the nation's drinking water, it has been revealed. An Environment Agency report suggests so many people are taking the drug nowadays it is building up in rivers and groundwater (amos, que se filtra a los caudales superficiales y subterraneos, que dirían los administrativistas). A report in Sunday's Observer says the government's environment watchdog has discussed the impact for human health. A spokesman for the Drinking Water Inspectorate (DWI) said the Prozac found was most likely highly diluted (no te jiba: va a ser en pastillas).
'Alarming'
The newspaper says environmentalists are calling for an urgent investigation into the evidence (los frikis medioambientales, como siempre, llegando a tiempo: teneis que ver los de 'igualdad animal' que tengo enfrente de casa). It quotes the Liberal Democrats' environment spokesman, Norman Baker MP, as saying the picture emerging looked like 'a case of hidden mass medication upon the unsuspecting public' (y tan mass-medication: otro genio perceptivo). He says: 'It is alarming that there is no monitoring of levels of Prozac and other pharmacy residues in our drinking water.' Experts say the anti-depression drug gets into the rivers and water system via treated sewage water.
Prescriptions increase
The DWI said the Prozac (known technically as fluoxetine) was unlikely to pose a health risk as it was so 'watered down' (en otras palabras, los ingleses sólo se beben el Prozac que sus propios compatriotas han expulsado previamente por vías delantera o trasera: menos mal).
The Observer says the revelations raise new fears over how many prescriptions for the drug are given out by doctors. In the decade leading up to 2001, the number of prescriptions for antidepressants went up from nine million per year to 24 million per year, says the paper. The Environment Agency report concluded that the Prozac in the water table could be potentially toxic and said the drug was a 'potential concern'. The exact amount of Prozac in the nation's drinking water is not known" (mira qué eficientes, estos guiris: y luego dicen de nosotros).
Pues qué bien: entre la coca de los billetes, el humo de tabaco en suspensión y, ahora, el Prozac del agua, peazo mundo de drogotas pasivos nos ha tocado vivir. Y ni lo disfrutamos. Mundo Aynnnnsss...
"Traces of the antidepressant Prozac can be found in the nation's drinking water, it has been revealed. An Environment Agency report suggests so many people are taking the drug nowadays it is building up in rivers and groundwater (amos, que se filtra a los caudales superficiales y subterraneos, que dirían los administrativistas). A report in Sunday's Observer says the government's environment watchdog has discussed the impact for human health. A spokesman for the Drinking Water Inspectorate (DWI) said the Prozac found was most likely highly diluted (no te jiba: va a ser en pastillas).
'Alarming'
The newspaper says environmentalists are calling for an urgent investigation into the evidence (los frikis medioambientales, como siempre, llegando a tiempo: teneis que ver los de 'igualdad animal' que tengo enfrente de casa). It quotes the Liberal Democrats' environment spokesman, Norman Baker MP, as saying the picture emerging looked like 'a case of hidden mass medication upon the unsuspecting public' (y tan mass-medication: otro genio perceptivo). He says: 'It is alarming that there is no monitoring of levels of Prozac and other pharmacy residues in our drinking water.' Experts say the anti-depression drug gets into the rivers and water system via treated sewage water.
Prescriptions increase
The DWI said the Prozac (known technically as fluoxetine) was unlikely to pose a health risk as it was so 'watered down' (en otras palabras, los ingleses sólo se beben el Prozac que sus propios compatriotas han expulsado previamente por vías delantera o trasera: menos mal).
The Observer says the revelations raise new fears over how many prescriptions for the drug are given out by doctors. In the decade leading up to 2001, the number of prescriptions for antidepressants went up from nine million per year to 24 million per year, says the paper. The Environment Agency report concluded that the Prozac in the water table could be potentially toxic and said the drug was a 'potential concern'. The exact amount of Prozac in the nation's drinking water is not known" (mira qué eficientes, estos guiris: y luego dicen de nosotros).
Pues qué bien: entre la coca de los billetes, el humo de tabaco en suspensión y, ahora, el Prozac del agua, peazo mundo de drogotas pasivos nos ha tocado vivir. Y ni lo disfrutamos. Mundo Aynnnnsss...
martes, 2 de noviembre de 2010
25.000 visitas
Muchas gracias: a unos un poco más (los más) y a otros un poco menos (los menos), pero gracias a todos los que habeis hecho de éste otro lugar más de encuentros y desencuentros (como debe ser). La única diferencia respecto al resto de blogs, es que este es nuestro. Por eso mantengo la invitación que en su día le hice al anónimo-fiel, que en clave de trabalenguas sería "el anónimo que se anime a amenizar esta morada, que no renuncie a nada, sino que se nos una, mutando su comentario en innovadora intervención".
Lo dicho, que gracias a todos.
Luis
Lo dicho, que gracias a todos.
Luis
lunes, 25 de octubre de 2010
Los mil caminos del cielo (Jose, el de Marina Gregorio)
Hace poco me enteré de que había muerto Marina, la madre de Jose, de la casa de los Gregorio de Aldín: murió primero el hijo y, pocos meses después, le siguió la madre. Y entonces recordé. Recordé la imagen que me acompañó durante toda mi infancia, y me di cuenta de que hacía mucho -demasiado- tiempo que ya no veía aquella carpetovetónica y artesanal motocamilla azul en que, todos y cada uno de sus días, la madre bajó al hijo impedido desde la niebla de las montañas hasta el mar y la luz de Luarca. Y eso hicieron, los dos, todas sus vidas. Y por eso, todas las mañanas en Almuña recuerdo el familiar sonido de esa maravillosa e imposible máquina azul de humilde motor (si llegaba a los 3 caballos de potencia, era por la grandeza de Dios), que una modesta pareja ideó, construyó y convirtió en parte del paisaje más humano de una España cada vez más hastiada, cada vez más gastada, insensible, cruel, seca y yerma por dentro. Estoy cansado, desde hace mucho, de que nos sirvan mascados los mitos a adorar; de que nos impongan los héroes a quienes tenemos que rendir culto con alma, cuerpo y abono de palco de Bernabeu, escaño en el Congreso o silla de tertuliano en la última mierda de programa de noche de fin de semana. Estoy harto de que me impongan no ya cómo vestir, sino cómo pensar y a quién admirar, por el tamaño de sus tetas o de su billetera. Y por eso mi memoria, también harta y, a veces, inesperada cómplice, me trajo a la retina la figura de los míticos centauros. Y la imagen que tardé en procesar -por increíble- fue la de una walkiria subida a lomos de un centauro: una walkiria que vencía al mundo, al dolor y a la muerte. Y logré comprender el por qué de ese cuadro, al recordar la motocamilla azul en que durante décadas, una sencilla mujer llevó a su hijo impedido a saludar al mundo, poniéndole unas ruedinas a sus piernas, imposibilitadas para andar.
Todas las mañanas del mundo, además del gran título de Corneau, se queda pequeño para definir el amor, la dedicación y la infinita paciencia de una madre que luchó hasta el final porque su hijo fuera feliz, incluso sin saberlo. Y pensando mucho, recordé también que mientras la madre miraba siempre hacia delante -siempre al camino que quedaba por recorrer, que aunque era el mismo siempre era distinto-, el hijo miraba hacia arriba. Y ahora, hoy,creo que se por qué. Creo que el día en que Jose nació -el día que ocurrió todo-, un pacto secreto se fraguó, tácito, entre la madre, el hijo y la irónica Providencia: la madre llevaría al hijo, impedido, por los caminos de la vida, los caminos que se ceñían a tres kilómetros de montaña, uno de valle y uno de mar. Y, a cambio, el hijo grabaría a fuego en su memoria todos los caminos del cielo: para, llegado el momento, ser él quien guiara a su madre por la infinitud de las nubes y las estrellas de un universo mejor. Y así, y porque el cielo es infinito -y no como los cuatro kilómetros de Aldín a Luarca-, Jose tuvo que fijar toda su atención en ese cielo inexpugnable y complejo, en ese laberinto de caminos por recorrer hasta comparecer ante el único juez Eterno. Y por eso, hoy ya no oigo el sonido de la motocamilla, pero si me esfuerzo y, como Jose hacía, callo, me concentro y miro hacia el cielo, alcanzo a verle a él. Y es él quien ahora guía a su madre para que no se pierda todas las maravillas del cielo que los dos han merecido y él, en silencio durante medio siglo, memorizó una a una. Y van juntos, y van de la mano, y ahora conversan en voz alta. Y la motocamilla quedó abajo porque, donde están, ninguno de los dos necesita otra cosa que todas las mañanas de un mundo, ahora eterno para ellos, para caminar, hablar y -creo- seguir parándose a saludarnos a nosotros, los vecinos de aquí abajo que, pensando que somos listos, en verdad nunca pudimos ver todo lo que Jose, postrado, veía desde su camilla de motor, paciencia y amor.
Primero subió el hijo, para prepararlo todo a su madre. Y la madre, harta ya de ver la motocamilla azul solina, subió también, muy poco después, para que aquel no la echara de menos. Y ahora están ya juntos, para siempre, recorriendo los mil caminos del cielo.
Todas las mañanas del mundo, además del gran título de Corneau, se queda pequeño para definir el amor, la dedicación y la infinita paciencia de una madre que luchó hasta el final porque su hijo fuera feliz, incluso sin saberlo. Y pensando mucho, recordé también que mientras la madre miraba siempre hacia delante -siempre al camino que quedaba por recorrer, que aunque era el mismo siempre era distinto-, el hijo miraba hacia arriba. Y ahora, hoy,creo que se por qué. Creo que el día en que Jose nació -el día que ocurrió todo-, un pacto secreto se fraguó, tácito, entre la madre, el hijo y la irónica Providencia: la madre llevaría al hijo, impedido, por los caminos de la vida, los caminos que se ceñían a tres kilómetros de montaña, uno de valle y uno de mar. Y, a cambio, el hijo grabaría a fuego en su memoria todos los caminos del cielo: para, llegado el momento, ser él quien guiara a su madre por la infinitud de las nubes y las estrellas de un universo mejor. Y así, y porque el cielo es infinito -y no como los cuatro kilómetros de Aldín a Luarca-, Jose tuvo que fijar toda su atención en ese cielo inexpugnable y complejo, en ese laberinto de caminos por recorrer hasta comparecer ante el único juez Eterno. Y por eso, hoy ya no oigo el sonido de la motocamilla, pero si me esfuerzo y, como Jose hacía, callo, me concentro y miro hacia el cielo, alcanzo a verle a él. Y es él quien ahora guía a su madre para que no se pierda todas las maravillas del cielo que los dos han merecido y él, en silencio durante medio siglo, memorizó una a una. Y van juntos, y van de la mano, y ahora conversan en voz alta. Y la motocamilla quedó abajo porque, donde están, ninguno de los dos necesita otra cosa que todas las mañanas de un mundo, ahora eterno para ellos, para caminar, hablar y -creo- seguir parándose a saludarnos a nosotros, los vecinos de aquí abajo que, pensando que somos listos, en verdad nunca pudimos ver todo lo que Jose, postrado, veía desde su camilla de motor, paciencia y amor.
Primero subió el hijo, para prepararlo todo a su madre. Y la madre, harta ya de ver la motocamilla azul solina, subió también, muy poco después, para que aquel no la echara de menos. Y ahora están ya juntos, para siempre, recorriendo los mil caminos del cielo.
cuando los tarados gobiernan: The ogre, con John Malkovich

Leyendo sobre la visita de Himmler a Montserrat en busca del Grial (que ocurrió, señores) me ha venido a la memoria una película que me marcó: sobre los temas (porque no trata un solo tema, sino que aglutina en 100 minutos lo que podría desarrollar en horas) y, sobre todo, porque no creo que vuelva a ver una película que muestre con tanta claridad lo destructivo que es un gobierno cuando lo gobiernan los locos, los resabiados y, en fin, aquellos que, de haber estado al otro lado del Reichstag, habrían sido los primeros en desfilar por los campos de exterminio. La descripción de las patologías de Göring, en especial cómo metía las manos en los diamantes para calmarse, unido a las rabietas que acababan con miles de inocentes y el cuadro de los últimos estertores de una Alemania Nazi que, en su suicidio, acabó con sus propios hijos pequeños, es soberbio. Por favor, si no la han visto, véanla, y comprenderám por qué hay que pensar antes de erigir a los monstruos en gobernantes y por qué el señor Malkovich es uno de los mejores actores que hay hoy (Vid. también de ratones y hombres y, cómo no, being John Malkovich). Para completar el cuadro de la piedra de la locura que pintaron la panda de lisiados y tarados que formaron gobierno en la Alemania nazi, son también ilustrativas el hundimiento (mi Bruno Ganz de Wenders, increible de nuevo) y, curiosamente, "la niña de tus ojos", con un incomparable retrato de Göebbels que hace pasable incluso a Penélope Cruz como actriz
martes, 19 de octubre de 2010
Su último aliento
Con su último aliento, sonrió.
Estaba en el suelo, con la cabeza pegada contra el barro, y lo último que su cuerpo notó fue el cañón de la pistola contra su sién. Y simultáneamente pensó: -huele a rosas-, y simultaneamente la cabeza, a la vez que se le vaciaba de materia gris por causa del tiro de gracia, se le llenó de todos los recuerdos que valían la pena.
Sus hijos,
su mujer,
sus padres,
los abuelos,
el pueblo,
el sonido del amanecer, en el preciso momento en que los grillos dejan paso a los gallos
el olor de la tierra nada más llover
comer la fruta que acababa de recoger del árbol
bajar en bicicleta las cuestas que bajaban de las montañas
el manantial de la roca
los tebeos leídos tomando el zumo que su madre preparaba para que le bajara la fiebre que le postró, más de una vez, sin colegio
(sin matemáticas, sin ciencias, sin lengua: sólo con Superlopez)
El primer beso,
el último beso
las campanadas del monasterio al amanecer,
la sombra de las pirámides,
la triste esperanza de Calcuta,
la infinitud de la Gran Muralla
el olor de las comidas en la Jama Al Fnaa,
La sonrisa de Epcot a los 15 años, recién enamorado
La vez que llegó el primero a la meta en la carrera de la milla
Las charlas con su padre,
que repitió con sus hijos,
La mirada de quienes confiaron en él,
y le quisieron.
El sabor de los recuerdos,
el olor de la primera vez que entró en el hórreo,
el olor de su hijo recién nacido
la calidez de la piel de su esposa desnuda,
y el rostro de quienes murieron con la dignidad de haber vivido.
Y sonrió,
y ellos, aunque pensaron que habían ganado, perdieron.
Porque ellos eran los muertos, y él, al fin, había vencido.
Estaba en el suelo, con la cabeza pegada contra el barro, y lo último que su cuerpo notó fue el cañón de la pistola contra su sién. Y simultáneamente pensó: -huele a rosas-, y simultaneamente la cabeza, a la vez que se le vaciaba de materia gris por causa del tiro de gracia, se le llenó de todos los recuerdos que valían la pena.
Sus hijos,
su mujer,
sus padres,
los abuelos,
el pueblo,
el sonido del amanecer, en el preciso momento en que los grillos dejan paso a los gallos
el olor de la tierra nada más llover
comer la fruta que acababa de recoger del árbol
bajar en bicicleta las cuestas que bajaban de las montañas
el manantial de la roca
los tebeos leídos tomando el zumo que su madre preparaba para que le bajara la fiebre que le postró, más de una vez, sin colegio
(sin matemáticas, sin ciencias, sin lengua: sólo con Superlopez)
El primer beso,
el último beso
las campanadas del monasterio al amanecer,
la sombra de las pirámides,
la triste esperanza de Calcuta,
la infinitud de la Gran Muralla
el olor de las comidas en la Jama Al Fnaa,
La sonrisa de Epcot a los 15 años, recién enamorado
La vez que llegó el primero a la meta en la carrera de la milla
Las charlas con su padre,
que repitió con sus hijos,
La mirada de quienes confiaron en él,
y le quisieron.
El sabor de los recuerdos,
el olor de la primera vez que entró en el hórreo,
el olor de su hijo recién nacido
la calidez de la piel de su esposa desnuda,
y el rostro de quienes murieron con la dignidad de haber vivido.
Y sonrió,
y ellos, aunque pensaron que habían ganado, perdieron.
Porque ellos eran los muertos, y él, al fin, había vencido.
"From my rotting body, flowers shall grow and I am in them and that is eternity". Edvard Munch
Inmortalidad no es lo mismo que Eternidad. No es necesario ser inmortal para ser eterno, y hubo (y hay, y habrá) seres inmortales que nunca alcanzarán la Eternidad. El amor eterno nunca muere, pero el odio inmortal se apaga con el tiempo. Pocos recuerdan los nombres de los míticos inmortales, y por eso perdieron la eternidad a la que creían tener derecho. Pero cada uno de nosotros es eterno (por mucho que todos, algún día, vayamos a morir), y no sólo en la medida en que ni fuimos conscientes de nuestro nacimiento ni seremos conscientes del momento concreto en que dejemos de existir, sino en la medida que dejamos quienes nos recuerdan. Hay que morir para poder llegar a ser eterno, y en tanto no muramos podremos ser temporal -y lógicamente- inmortales, pero nunca eternos. Y la eternidad sólo se percibe desde el futuro lejano, sólo se conquista en vida, sí, pero para ser reconocida por los nietos de nuestros nietos, que verán, en la labor de criba del tiempo, que éste, a unos pocos, les ha perdonado. Morimos, y debemos de morir, pero no por ello terminamos. Por eso, hoy, recuerdo la frase de Munch, demenciado por un padre que desde muy niños le aterró con las penas del infierno, maldito por y para sí mismo y que murió a la alegría, a la felicidad y a la luz de la vida mucho antes de percibirlo, pero que será eterno, del mismo modo que logró que escucháramos su grito, sin siquiera tener necesidad de oirlo. Podremos morir pero, si Dios quiere, no desapareceremos.
Mañana, año nuevo
L.
Mañana, año nuevo
L.
Nobel ejemplar
Poco que escribir y mucho que reflexionar sobre la concesión del Nobel a Don Mario. Menos mal que la Academia está más allá de talantes, correcciones políticas (si no, que se lo pregunten a los chinos), yugos temáticos y aborregamiento mental, y ha decidido, más que acertadamente, dar el Nobel a quien ha demostrado a lo largo de décadas que hay cerebros creadores innatos, con sus propias ideas, y que producen obras de tal calidad que permiten a sus propietarios ignorar el adocenamiento y la sumisión a la política del momento (que no a los gustos de los lectores de siempre) para poder dedicar su tiempo y esfuerzos a crear e innova, y no a dar gusto a quien, si no, no te publica. Pero claro, esto sólo se lo pueden permitir los Borges, los Cortázar, los Rulfos, los Vargas Llosa... y no la caterva de imitadores que si no te sacan la enésima novelita histórica sobre Rufus de Antioquía (prestamista golfete que se enamora de una esclava gaditana bizca), te sacan el último dramón de prisioneros de guerra en las cárceles del régimen... Por Dios: entre esto, los remakes cinematográficos de Karate Kid, la vuelta del look pijo, el apropiacionismo en arte y las princesas del pueblo no se ni dónde ni cómo vamos a acabar (bueno, sí, pero me aterra pensarlo). L.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Los Simpsons, Banksy y Corea del Norte
Ya se olía cuando Guy Delisle creó Pyongyang: eso era sólo el principio. Ahora va la Fox, contrata a Banksy y ¿pensaba que el grafitero más controvertido y oculto haría una introducción de los Simpsons políticamente correcta? Lo malo es que nadie se pone de acuerdo sobre el país asiático en que se situa (deduzco que es Corea del Norte, humildemente) ni lo que realmente pretende. En todo caso, vale la pena. Un aplauso poe Banksy y otro por la Fox, que lo emite.
martes, 5 de octubre de 2010
Dalí cantar de los cantares catalogado Albert Field 71-17. 188/250
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