domingo, 29 de noviembre de 2020

Fiesta, de Pierre Boutron (1995)

Adaptacion de la novela biográfica del aristócrata Jose Luis de Vilallonga, narra su tiempo como integrante de un peloton de fusilamiento del bando nacional durante la guerra Civil bajo las órdenes del coronel Masagual, un Trintignant gigante en el papel de homosexual escéptico cuya clarividente percepcion del objetivo último del bando de afiliacion no le impide destinar toda su excepcional inteligencia a la consecucion del mismo, por despiadados que sean los fines. Fiesta, quizás por ser francesa -cosa que me duele reconocer- aborda el conflicto con una objetividad raras veces vista en este país nuestro y, a la par que desnuda la crueldad, el horror y las contradicciones del bando vencedor, incide en unas reflexiones válidas para toda guerra en boca del coronel como personaje principal, del que el joven Villalonga hace más de comparsa que de coprotagonista.
El guión, espectacular. Las reflexiones de Trintignan, tan gigantes que erigen la audicion por encima del visualizado.
Veanla. Hace pensar.

jueves, 19 de noviembre de 2020

El enfermo imaginario de Moliere (y Flotats). CNTC

Ayer, a la salida del estreno de la comedia cumbre de Molière, Angel Fernández Montesinos, patriarca de la Revista y la Zarzuela en España exclamaba, con inusitado entusiasmo para sus más de 90 años, “ha vuelto el teatro”.

Ayer, al menos, así fue. Arropado por todo el mundo de esa gran víctima del Covid que es la escena española (desde Lluis Omar hasta Carlos Hipólito, pasando por Gonzalo de Castro o Emilio Gavira), Flotats bordó una de las comedias más atemporales de la historia del Teatro, con un Argán cansado hasta de sí mismo al que solo la dependencia psicológica de remedios y lavativas innecesarios distrae de una vida demasiado muelle, a merced de una esposa que no le quiere, una hija que por fortuna no se resigna a sus egoistas designios y una grandísima Anabel Alonso que descumple años y mejora en unas dotes escénicas ya de por sí excepcionales. Nunca se verá mejor Tonina.

En comedia es muy difícil lograr ese punto medio que, alejado del fácil histrionismo, mantiene atento al espectador y, a la par que entretiene, transmite un mensaje vital y de esperanza que se erige en moraleja. El avaro de ayer logró ser actual sin desvirtuar al clásico; insufló movimiento y máscaras sin distraer de la atención al drama del hipocondriaco ajeno a su realidad circundante. Mezcló la sombra y los estatismos de sendas cama y sillón de padecimientos con la luz, la música y el baile de todo lo bueno que siempre queda. En suma, Argán brilló con la luz que le circundaba y, brillando se redimió, redimiendonos a todos.

El equipo de Flotats consigue de sobra lo que el Maestro pretendía, y logra que ese hipocondriaco vocacionalmente infeliz nos insufle el único medicamento que siempre funciona: la esperanza. Esperanza que solo puede transmitir el trabajo bien hecho, la profesionalidad y el entusiasmo que ayer recaló, siquiera por dos horas, en un Teatro de la Comedia que volvió a ser mágico.

Ha vuelto el Teatro (con mayúsculas). Espero que para quedarse

miércoles, 4 de noviembre de 2020

El último baile del Gatopardo de Visconti

Los amantes de la joya de Visconti se dividen entre quienes consideran que sobra media hora del baile último, y los que afirman que tan extenso retrato es necesario para lo que Visconti pretendía con el Gatopardo. Yo soy de estos últimos y me explico, rogando ya de antemano, cual postrero narrador chespiriano, la indulgencia del público que lea esta reflexión.

Visconti, demasiado liberal para la aristocracia de donde provenía y demasiado tradicional para los liberales. Enamorado de Alain Delon -cosa que parece no gustó a Burt Lancaster, también prendado del joven sobrino Alfonso- y testigo de cambios esenciales en su Italia quiso transmitir la esencia Lampedusiana, ese todo cambia para no cambiar, en el escenario histórico de sucesión de clases dirigentes propiciado por los tiempos de Garibaldi y subsiguientes elecciones de 1860. Un tiempo en que los centenares de príncipes producidos por la otrora pluralidad de estados itálicos se agarraban a sus privilegios, costumbres y arrogancia como freno a los nuevos ricos burgueses que supieron aprovechar las crisis y las oportunidades. Y se agarraban con manos delgadas de hambriento digno, afectado por la endogamia y manchado del polvo de la decadencia, el polvo de los caminos sin asfaltar y de las habitaciones condenadas de los antiguos palacios.

Polvo, arrogancia y endogamia habitan cada minuto del Gatopardo, y solo la prevision del anciano -45 años, Dios nos valga- Príncipe Fabrizio de Salina pone postrero remedio a la decadencia de su familia, que no es sino la decadencia de la clase aristocrática de esa neonata Italia unida y tricolor. Por eso impide que su hija se case con su primo para unir a éste con la lozana hija del rico burgués de la región (a quienes allana el camino a la política) y poder sl fin apartarse de un mundo que sabe moribundo, el mundo del último baile.

Un baile de militares fantoches, decrépitas ancianas empolvadas hasta el ridículo como Baby Jane (otro polvo distinto al de los caminos, pero polvo al fin); petimetres, doncellas solteras jugando tontamente entre ellas esperando quien llene sus carnets de baile. Jarrones de cerámica llenos de heces y orines justo detras del salon de baile, comida atragantada por si al día siguiente no se come; jóvenes parejas apurando la llegada del amanecer y, entre ellos, nuevos ricos, por fin invitados, que sienten que han llegado a su cima (como el empresario del salón de música de Jazalgar).
De tal modo Visconti no solo denuncia a la vetusta aristocracia dominante, beata, endogámica y rodeada de fanfarrones de pomponsos uniformes, sino que tambien cuela en la narración un dardo mortal a la nueva clase pujante, con un mensaje demoledor: habeis derrocado a los nobles para ocupar su puesto, y lo que verdaderamente ansiabais al final era ser ellos, para poder despreciar como a vosotros se os despreció.

El baile del fin, el último baile de una época que agoniza. El Zenit donde pasado y futuro se encuentran y, efectivamente, nada cambia.

Tras lo cual, solo cabe el exeunt omnes. Pero solo se marcha quien supo ver que su era había terminado.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Aviso a navegantes

Con la irresponsabilidad y el cortoplacismo (político y económico) que nos caracterizan pusimos todos los huevos en la misma cesta, la de los servicios turísticos. Igualito que hace 12 años con la construcción. Solo que esta vez, Europa va a tener demasiados estados a que rescatar como para darnos prioridad a nosotros, que gastamos lo de los demás, legislamos a golpe de decreto-ley, intentamos cargarnos la independencia judicial y abaratamos el coñac en el bar del Congreso para que los representantes del pueblo olviden para qué fueron elegidos.

La hucha de las pensiones está saqueada; vacía de tanto usarla, unos y otros, para rellenar agujeros que hubieran costado votos, y sendas evoluciones, demográfica y de calidad educativa, hacen poco posible que los jóvenes profesionales del futuro contribuyan a llenarla. A lo que no ayuda que no se facilite a los jubilados rescatar los fondos de pensiones sin carga tributaria, lo cual permitiría que, de nuevo, fueran ellos quienes volvieran a tirar de hijos y nietos, revitalizando el efecto multiplicador económico que tanto necesitamos.

Para colmo, nuestras ansias de ser servidos en casita igual que nuestros vecinos de los distintos ultramares nos han hecho ignorar el ultramarinos del señor Juan, la mercería de doña Mercedes y la ferretería de los asturianos en pro de Amazon, Primark y demás grandes superficies y plataformas online.

Si a todo esto unimos que de buen grado cedemos nuestros datos a cambio de poder subir nuestras fotos cuquis, y que la desinformación y la incultura han destrozado nuestro espíritu crítico, nos encontramos con que a fecha de hoy, destrozados económicamente, incultos y mermados emocionalmente tras 8 meses de pandemia, somos terreno abonado para conspiraciones, sectas, radicalismos, luchas, suicidios, depresiones, violencia doméstica, divorcios, abandonos, rapiña y, en suma, lo que está comenzando a venir.

Nunca he tenido más ganas de equivocarme