
Fui a verla ayer, y no decepcionó. Esta obra, que hasta las representaciones de Darmstadt de 1957 no encontró la acogida merecida, ha sido usada por Mario Gas como excusa para acometer la conquista del proyecto arquitectónico/artístico/ escénico de las antiguas naves del matadero (Paseo de la Chopera 14, metro Legazpi): bien restauradas y bein resueltas, aunque a ver si algún día alguien supera el Corrosión-tensión, por mucho que las puertas del apartamento de quien suscribe hayan sido encargadas en dicho material, merced a los materiales y líquidos conseguidos por mi querida María Jesús. La sonoridad no es la mejor, y es una obra diseñada y concebida para un recinto más grande, pero se disfruta de la cercanía con escenario y actores. Brecht en estado puro con las canciones que, cantadas por Ute Lemper, hicieron que siempre que esa beldad viene a Madrid, vuestro seguro servidor intente primera fila para sus recitales (por si algún día soy yo el afortunado con quien tontea en su show-cabaret). En suma: obra que vale la pena, aunque ya sabeis lo que vais a encontrar en un producto de Brecht: moralidad alemana y, por ende, bastante contraída a espacios geométricos, y el intento de crear obras-denuncia globales que, a veces, se convierten en cajones de ropa apelotonada. Constantino Romero giganet, como siempre, e los papeles de Jenny y Jimmy, impresionantes y desgarrados. Consejos: prepararse para tres horas con descanso y, en el intermezzo, salir escopetados a por los botellines y los bocatas (2 euros y muy bien hechos)... Ah, el folleto, una perlita de diseño que vale la pena conservar, como buen fetichista