viernes, 24 de diciembre de 2010
Feliz Navidad
Os deseo a todos lo que yo tengo esta tarde: a la familia junto a mí, salud y la perspectiva de un futuro lleno de planes, sueños y futuros recuerdos. No se necesita mas para ser feliz. Y que nos sigamos viendo todos: aquí o allí, en la realidad ficticia, porque es ahí donde a veces no podemos ser quienes o como de verdad somos o querríamos ser.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Balada triste de trompeta, de Alex de la Iglesia
Hecha por un friki con dinero -mucho- cuasi-exclusivamente para frikis. Desde el principio la saturación de información es alarmante, hasta el punto de que en estos 100 minutos están condensadas, cuando menos, tres películas distintas. El friki profesional se encontrará, sin mayor esfuerzo, con el ascenso de Frodo, Sam y Gollum por las escaleras de Cirith Ungol desde Minas Morgul; la estética visual gris que inauguró Blade Runner; la primera media hora de salvar al soldado Ryan; la parada de los monstruos (Freaks), de Tod Browning; el hombre que ríe, de Victor Hugo; la matanza caníbal de los garrulos lisérgicos; el comienzo de corazón salvaje, de Lynch; el laberinto del fauno, de su amigo Guillermo; algo de Tetsuo y... bueno, creo que Alex de la Iglesia aglutina los basamentos de la cultura freak en el primer largometraje que hace con dinero suficiente como para poner en práctica lo que le rondaba la mente (tía buena incluida, aunque su actuación muy buena, muy buena no es...), y los actores -salvo, insisto, la Bang ésta-, brutales. Pena que Sancho Gracia solo saliera 10 minutos mal contados, porque cada vez me gusta más cómo hace de malo oscuro: tendrían que contratarle para la tercera entrega de Batman. Veanla, y me cuentanPS.- lo de Raphael y la cueva, tremendo
martes, 21 de diciembre de 2010
Privatizaciones, estados de alarma, desinformación y controladores aereos
Hola, me llamo L. (hasta vergüenza me da poner mi nombre) y mi hermano es controlador aéreo. Mis padres son gente sencilla, honrada y trabajadora que siempre ayudó cuanto pudo a todo aquel que se lo pidió - y a muchos otros que no tuvieron ni que pedirlo-, y que ahora no se explican qué pueden haber hecho mal en la vida para haber engendrado a dos delincuentes como nosotros que, pudiendo ser haber sido constructores, tertulianos de la Noria, restauradores de a 300 euros el cubierto... decidimos, no obstante, hacernos respectivamente funcionario de justicia y controlador aéreo. Con lo bien que nos está yendo con todos los sectores estratégicos privatizados, en pleno estado de Alarma -prorrogado, que la situación bien lo merece-, con una Bolsa sanísima y llena de inversores extranjeros, y con los Derechos Fundamentales pisoteados cada vez que a cierto calvo le da por intervenir las comunicaciones de todo un colectivo, extrajudicialmente y con el mero sustento de los intereses del Estado... Con un gobierno -que no partido- de gente preparada, que sólo tira de Decreto-Ley cuando verdaderamente no queda más remedio, y en que cada alto cargo es un pedazo de experto en lo que hace. En suma, un gobierno sólo aventajado en cazurrería, frustración y mezquindad por una oposición de señores de clase pseudoalta y estética neoastracanera que se cree que disfruta de un derecho divino al poder y sigue recordando con rencor las elecciones de 2004... Con unos salarios cada vez más altos y el paro casi a 0, es lógico que se haya castigado a esos capullos pijos de controladores que ganan 1.000.000 de euros al año -que lo se yo, que he visto las nóminas- y que no ha hecho nada para merecerlo. No como próceres del estilo de Díaz-Ferrán, que por ayudar a los pobres sudamericanos de Air Comet se endeudó hasta el punto de que la malvada jueza -facha, como todos los jueces y demás poderes represores- sólo le encontró 632 euros que embargar. Como Florentino y los permisos para construir las 4 torres a unas alturas peligrosas para el tráfico aéreo. Como esos ministros, diputados y senadores tan competentes y que tan duramente se prepararon para servir con generosidad y sacrificio -buscar en el Diccionario de la RAE, si es que todavía no lo han quitado-; padres de un país cada vez más unido, estable y orgulloso en y de su diversidad -igualito que Francia o Suiza- y, por ende, preparado para hacer frente como un todo compacto en el respeto a la diversidad a un mundo cada vez más globalizado. Como la SGAE, protectora del patrimonio cultural español y mecenas de los artistas que empiezan; como... como la madre que nos parió a todos, qué cojones, que somos el único país capaz de ser cada día más gilipollas, con una prensa totalmente sesgada, en que El Público y La Gaceta de los Negocios se deberían vender en el estante de ciencia-Ficción de la FNAC. Con una desinformación tan bestia que la gente no lo quiere aceptar porque si lo hiciera tendría que asumir, igualmente, una serie de realidades que ponen los pelos como escarpias... No puedo ni siquiera defender al colectivo de controladores en mi propio blog porque inmediatamente tendría a los típicos pseudoguays de uno y otro lado de la laguna Estigia que me pondrían a caldo precisamente amparándose en que aquí se puede comentar lo que se quiera sin siquiera tener que identificarse... Y no es cobardía, es que me da verdadera pereza el mero hecho de pensar en ellos. En fin, que es una pena que, como pupas de mariposa-payaso, hayamos eclosionado en un país de pobres de espíritu en que las ideas murieron con gigantes como Suarez, Solana, Gerardo Iglesias, Gloria Fuertes, Lorca o Aleixandre, cada uno militante de ejemplo y no sólo de palabra agria. Llevamos años de vuelta en el 98 (ya antes del 2004, ojo), y ni siquiera ha surgido una generación de intelectuales que al menos compensara para la posteridad todo este caos. Ya no queda ni gauche divine ni derecha exhaustiva: solo el puñetero pan y circo de los diversos medios de comunicación. Peazo gobernantes y peazo oposición, valientes unos y otros. Y nosotros en medio, viéndolas venir y observando a las amas de casa intentar pagar, sucesiva e infructuosamente, con la Visa electrón, la de crédito, los cheques-restaurante, la tarjeta del Corte Inglés y, al final, teniendo que mentir a la cajera con el ya tristemente famoso "guardemelo un segundín, que subo a casa a por dinero y se lo dejo pagado". Y esto es lo que se ve en la calle. Ni siquiera desesperación: solamente la desazón de quien no sabe qué habrá detrás de los nubarrones que se avecinan. Pero no pasa nada, que ya habrá colectivos en quienes centrar la desesperación, el odio y la frustración. Siempre los hubo, ¿no?. Ahora bien, cuando nos cansemos de los controladores, ¿a quién le tocará?
Abrazos en pleno estado de alarma, de alguien que de verdad cree en la Constitución y en el espíritu de concordia, convivencia y tolerancia que la impregnó.
Abrazos en pleno estado de alarma, de alguien que de verdad cree en la Constitución y en el espíritu de concordia, convivencia y tolerancia que la impregnó.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Peter Greenaway


Ayer, tras mañana de Rastro con la familia Atanes y cinecito con E. (por favor, vayan a ver "Balada triste de trompeta" sin expectativa alguna y coméntenme qué tal les ha parecido: yo aluciné), finalicé la ronda sistemática de Greenaway con el final del contrato del dibujante y, cómo no, con el cocinero, el ladrón, su mujer (de él) y su amante (de ella). Con Greenaway me pasa algo muy curioso, y es que siempre puedo dividir sus películas en dos grandes cuerpos: un desarrollo estético suave y una "grande finale" rápida, casi brusca, pero siempre duramente apoteósica. A Greenaway le puede la perspectiva estética de las películas y el solaz en los personajes excesivos: se pasa desarrollándolos la mayor parte de la película, y luego pasa lo que pasa, que le queda un cuarto de hora para desarrollar el núcleo del guión que, curiosamente, es el que más contenido tiene. Así que hala, a sintetizar una hora de contenido en 20 minutos como mucho. Y por eso, recordaba lo que me ha estado volviendo a pasar estos días: películas que me bajaban el pulso para luego ponerme repentinamente espídico y con ganas de ver algo de Lynch, Passolini o Alex de la Iglesia. Si es que, una vez exacerbados, nos encanta ver arder las cosas, que diría Guy Montag
jueves, 2 de diciembre de 2010
Blog dedicado a Jabba el Hutt
Presionando aquí lo vereis: todo tipo de frikadas centradas no ya en Luke, Vader o Ben Kenobi, no, sino en el baboso Hutt jefe de contrabandistas de Tatooine que se atrevió a congelar a nuestro Han Solo en carbonita (canallada que no quedaría sin venganza, obviamente). El frikismo no conoce límites señores, y mucho menos para quienes nos abandonamos a él con los brazos abiertos
Datos
Información,
datos,
nombres,
historias,
maneras de procesar,
lenguajes de procesamiento,
mil lenguas para expresarlos
mil razas por mil lenguas
(que multiplican a la millonésima cada dato)
tecnología de datos
que también requiere de datos sobre cada una,
religiones
filosofías
visionarios, filósofos y masas
lugares
datos de lugares.
Colores de ojos.
Premios Nobel,
historias,
cuentos,
fantasías en élfico,
razas Wookie,
guerreros Klingon,
lis imperos de una Historia que no vivimos,
Las vidas de los otros,
la vida de los otros
la eternidad y un día
(el mañana).
Aquellos en quienes confiamos
(que pueden estar lejos y seguir aquí)
y nuestros enemigos
(que han de estar cerca)
Dios,
el vacío
la Nada
-que es lo que está mas lleno).
Notas musicales
en instrumentos diversos.
Olores,
sabores,
texturas
tonos
...
Datos.
datos,
nombres,
historias,
maneras de procesar,
lenguajes de procesamiento,
mil lenguas para expresarlos
mil razas por mil lenguas
(que multiplican a la millonésima cada dato)
tecnología de datos
que también requiere de datos sobre cada una,
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filosofías
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Colores de ojos.
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razas Wookie,
guerreros Klingon,
lis imperos de una Historia que no vivimos,
Las vidas de los otros,
la vida de los otros
la eternidad y un día
(el mañana).
Aquellos en quienes confiamos
(que pueden estar lejos y seguir aquí)
y nuestros enemigos
(que han de estar cerca)
Dios,
el vacío
la Nada
-que es lo que está mas lleno).
Notas musicales
en instrumentos diversos.
Olores,
sabores,
texturas
tonos
...
Datos.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Raphael, el putamo
Este tío es la leche, señores. Ayer asistí a un espectáculo sociológico que ríete tú de los conciertos de Bruce, los Luthiers, i musici o los Berrones. Raphael, a sus 68 años, la montó en el Compac y, durante más de dos horas y media, énardeció (literalmente: tenían que ver a las señoras totalmente alteradas en más de un sentido) a un público más que entregado. Creo, de hecho, que nunca he visto un público tan fiel, leal y ansioso de escuchar a un tío que, queramos o no, ha estado en el peculiar candelero del glam-casposismo durante medio siglo literalmente. El tío se gusta, vive en su mundo, actua como si ese mundo fuera el mundo de verdad, y a la gente le encanta. Y además, el jodío se atreve con todo: desde los tangos pasando por las rancheras y las versiones de canciones de ahora hasta lo que él llama "las joyas de la corona". La unica pena es que no cantara la balada triste de trompeta: si lo llega a hacer, a este su humilde servidor le da un pasmo ahí mismo. En fin, que de verdad que valió la pena. Espero que tengamos Raphael para mucho, porque el tío, de verdad, es la releche.Esta tarde, a la metralleta a buscar singles suyos.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Capilla del Hombre. Quito, Ecuador
El conductor de la UPSE
Durante el viaje a Ecuador me he encontrado con mucha gente, y creo que he aprendido de la mayoría. Pero especialmente de gente como Jorge, el primer conductor que nos llevó de Guayaquil a Santa Elena, y que en pleno viaje reflexionaba sobre la vida en general, sobre su vida en particular y sobre su mayor riqueza, que eran sus hijos. Hasta el punto de que en un momento dado, razonó del siguiente modo su deseo de que su hijo mayor se quedara en Ecuador y no emigrara a España:
-"Yo le he dicho que se quede, que no se vaya: aquí tiene un trabajito en un banco que le da de comer y en el que avanzará, seguro; yo le he dicho que no se preocupe por techo, porque levantamos una altura mi casa y ahí vive con su mujer y su hijita, y estamos juntos todos. Tenemos qué comer y estamos felices sin la tristeza de no saber qué tal le estará yendo: te quedas aquí, en tu país, con tu gente... feliz"
-"Yo le he dicho que se quede, que no se vaya: aquí tiene un trabajito en un banco que le da de comer y en el que avanzará, seguro; yo le he dicho que no se preocupe por techo, porque levantamos una altura mi casa y ahí vive con su mujer y su hijita, y estamos juntos todos. Tenemos qué comer y estamos felices sin la tristeza de no saber qué tal le estará yendo: te quedas aquí, en tu país, con tu gente... feliz"
Greenaway, el Palazzo de la Civiltá de Roma, Speer, Haussman y Étienne-Louis Boullée



Revisitando "el vientre de un arquitecto" del estético Peter Greenaway y su maravillosa BSO (que, curiosamente, no es de su leal Nyman, sino de Mertens, por cierto de las mejores) recordé la omnipresencia del mussoliniano Palazzo de la Civiltá Romano en la estética de las últimas décadas -Vid. Titus, de la oscarizada Taymore-; lo jodida y tristemente impresionante que me parece la arquitectura autoritaria, y que lo que quiso hacer Speer con Berlín no es más (ni peor) que lo que logró hacer Haussman con Paris: 3 siglos después, muchos pastiches resultan, cuando menos, aceptables (y, si no, que se lo pregunten al palacio de Carlos V, en medio de la Alhambra). Hay arquitecturas posibles, imposibles y frustradas, y la arquitectura de todo autoritarismo suele reunir las tres características salvo cuando logra consumarse, que se perfecciona. Pena que el Señor Boullée estuviera aquejado de tantas fobias, y pena que no viva en este s. XXI: la mayor parte de las obras que están dejando boquiabierto al mundo, son fruto de su herencia.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Of course, the say every atom in our bodies was once part of a Star:
Maybe I'm not leaving: maybe I'm going home
(Gattaca, una de las mejores películas sobre afán de superación, voluntad y triunfo sobre la adversidad que se han hecho. Y también, sobre el triunfo del amor fraterno sobre la envidia y el resentimiento. El odio, con voluntad, también se vence)
(Gattaca, una de las mejores películas sobre afán de superación, voluntad y triunfo sobre la adversidad que se han hecho. Y también, sobre el triunfo del amor fraterno sobre la envidia y el resentimiento. El odio, con voluntad, también se vence)
jueves, 18 de noviembre de 2010
Desde la Península de Santa Elena (Ecuador)...
... Y entre clase y clase de Neoconstitucionalismo y Sumak Kawsay (10 horas día, en serio), dejar nota a desarrollar para cuando vuelva a Madrid: este país vale mucho la pena.
La Capilla del Hombre, de Oswaldo Guayasamín
La subida al Pichincha
El barroco de la Basílica de la Compañía
El Centro Histórico de Quito
La chocolatera de Santa Elena
Guayaquil
Las cotonas (guayaberas, pero de manga larga) de la UPSE
Las reflexiones sobre el neoliberalismo del Sr. Correa
Los ceviches de Cevichelandia y la cerveza Pilsener
El pan de Ambato (ambateño: al fin se lo que era el rótulo de la tienda de la calle Segovia)
La Sierra y el Litoral
Las tribus indídenas
Las tres leyes (no robar, no mentir y no ser perezoso)
Los bailes típicos
El color
La vida
La felicidad
(Gracias, Sr. Purcachi, por la oportunidad)
La Capilla del Hombre, de Oswaldo Guayasamín
La subida al Pichincha
El barroco de la Basílica de la Compañía
El Centro Histórico de Quito
La chocolatera de Santa Elena
Guayaquil
Las cotonas (guayaberas, pero de manga larga) de la UPSE
Las reflexiones sobre el neoliberalismo del Sr. Correa
Los ceviches de Cevichelandia y la cerveza Pilsener
El pan de Ambato (ambateño: al fin se lo que era el rótulo de la tienda de la calle Segovia)
La Sierra y el Litoral
Las tribus indídenas
Las tres leyes (no robar, no mentir y no ser perezoso)
Los bailes típicos
El color
La vida
La felicidad
(Gracias, Sr. Purcachi, por la oportunidad)
viernes, 12 de noviembre de 2010
Mortadelo y Filemón, contraportada original de Ibañez
miércoles, 10 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Mondo bizarro: Forbidden zone, guns on the Clakamas y, cómo no, Pink Flamingos

Entre Danny Elfman, Bill Plympton y, cómo no, Divine, nos van a volver (más) locos a todos. El otro día revisité la Zona Prohibida, el clásico bizarro de 1981 y, de verdad, no se para qué fumar petas cuando tenemos cosas como éstas. Junto con Pink Flamingos y el Mockumentary de Plympton (gracias, Jebediah, por descubrírmelo hace 10 años, ahí por Barna), lo peor -dicho con cariño-: todavía no se si pueden propiamente gustar, pero son dignos de ver y comentar. Mondo bizarro, mondo brutto.
Prozac en el agua corriente Más noticias curiosas, y esta de 2004)
Cito literalmente de la web de BBC News (8 de agosto de 2004, hace ya más de 6 añitos: cómo será ahora):
"Traces of the antidepressant Prozac can be found in the nation's drinking water, it has been revealed. An Environment Agency report suggests so many people are taking the drug nowadays it is building up in rivers and groundwater (amos, que se filtra a los caudales superficiales y subterraneos, que dirían los administrativistas). A report in Sunday's Observer says the government's environment watchdog has discussed the impact for human health. A spokesman for the Drinking Water Inspectorate (DWI) said the Prozac found was most likely highly diluted (no te jiba: va a ser en pastillas).
'Alarming'
The newspaper says environmentalists are calling for an urgent investigation into the evidence (los frikis medioambientales, como siempre, llegando a tiempo: teneis que ver los de 'igualdad animal' que tengo enfrente de casa). It quotes the Liberal Democrats' environment spokesman, Norman Baker MP, as saying the picture emerging looked like 'a case of hidden mass medication upon the unsuspecting public' (y tan mass-medication: otro genio perceptivo). He says: 'It is alarming that there is no monitoring of levels of Prozac and other pharmacy residues in our drinking water.' Experts say the anti-depression drug gets into the rivers and water system via treated sewage water.
Prescriptions increase
The DWI said the Prozac (known technically as fluoxetine) was unlikely to pose a health risk as it was so 'watered down' (en otras palabras, los ingleses sólo se beben el Prozac que sus propios compatriotas han expulsado previamente por vías delantera o trasera: menos mal).
The Observer says the revelations raise new fears over how many prescriptions for the drug are given out by doctors. In the decade leading up to 2001, the number of prescriptions for antidepressants went up from nine million per year to 24 million per year, says the paper. The Environment Agency report concluded that the Prozac in the water table could be potentially toxic and said the drug was a 'potential concern'. The exact amount of Prozac in the nation's drinking water is not known" (mira qué eficientes, estos guiris: y luego dicen de nosotros).
Pues qué bien: entre la coca de los billetes, el humo de tabaco en suspensión y, ahora, el Prozac del agua, peazo mundo de drogotas pasivos nos ha tocado vivir. Y ni lo disfrutamos. Mundo Aynnnnsss...
"Traces of the antidepressant Prozac can be found in the nation's drinking water, it has been revealed. An Environment Agency report suggests so many people are taking the drug nowadays it is building up in rivers and groundwater (amos, que se filtra a los caudales superficiales y subterraneos, que dirían los administrativistas). A report in Sunday's Observer says the government's environment watchdog has discussed the impact for human health. A spokesman for the Drinking Water Inspectorate (DWI) said the Prozac found was most likely highly diluted (no te jiba: va a ser en pastillas).
'Alarming'
The newspaper says environmentalists are calling for an urgent investigation into the evidence (los frikis medioambientales, como siempre, llegando a tiempo: teneis que ver los de 'igualdad animal' que tengo enfrente de casa). It quotes the Liberal Democrats' environment spokesman, Norman Baker MP, as saying the picture emerging looked like 'a case of hidden mass medication upon the unsuspecting public' (y tan mass-medication: otro genio perceptivo). He says: 'It is alarming that there is no monitoring of levels of Prozac and other pharmacy residues in our drinking water.' Experts say the anti-depression drug gets into the rivers and water system via treated sewage water.
Prescriptions increase
The DWI said the Prozac (known technically as fluoxetine) was unlikely to pose a health risk as it was so 'watered down' (en otras palabras, los ingleses sólo se beben el Prozac que sus propios compatriotas han expulsado previamente por vías delantera o trasera: menos mal).
The Observer says the revelations raise new fears over how many prescriptions for the drug are given out by doctors. In the decade leading up to 2001, the number of prescriptions for antidepressants went up from nine million per year to 24 million per year, says the paper. The Environment Agency report concluded that the Prozac in the water table could be potentially toxic and said the drug was a 'potential concern'. The exact amount of Prozac in the nation's drinking water is not known" (mira qué eficientes, estos guiris: y luego dicen de nosotros).
Pues qué bien: entre la coca de los billetes, el humo de tabaco en suspensión y, ahora, el Prozac del agua, peazo mundo de drogotas pasivos nos ha tocado vivir. Y ni lo disfrutamos. Mundo Aynnnnsss...
martes, 2 de noviembre de 2010
25.000 visitas
Muchas gracias: a unos un poco más (los más) y a otros un poco menos (los menos), pero gracias a todos los que habeis hecho de éste otro lugar más de encuentros y desencuentros (como debe ser). La única diferencia respecto al resto de blogs, es que este es nuestro. Por eso mantengo la invitación que en su día le hice al anónimo-fiel, que en clave de trabalenguas sería "el anónimo que se anime a amenizar esta morada, que no renuncie a nada, sino que se nos una, mutando su comentario en innovadora intervención".
Lo dicho, que gracias a todos.
Luis
Lo dicho, que gracias a todos.
Luis
lunes, 25 de octubre de 2010
Los mil caminos del cielo (Jose, el de Marina Gregorio)
Hace poco me enteré de que había muerto Marina, la madre de Jose, de la casa de los Gregorio de Aldín: murió primero el hijo y, pocos meses después, le siguió la madre. Y entonces recordé. Recordé la imagen que me acompañó durante toda mi infancia, y me di cuenta de que hacía mucho -demasiado- tiempo que ya no veía aquella carpetovetónica y artesanal motocamilla azul en que, todos y cada uno de sus días, la madre bajó al hijo impedido desde la niebla de las montañas hasta el mar y la luz de Luarca. Y eso hicieron, los dos, todas sus vidas. Y por eso, todas las mañanas en Almuña recuerdo el familiar sonido de esa maravillosa e imposible máquina azul de humilde motor (si llegaba a los 3 caballos de potencia, era por la grandeza de Dios), que una modesta pareja ideó, construyó y convirtió en parte del paisaje más humano de una España cada vez más hastiada, cada vez más gastada, insensible, cruel, seca y yerma por dentro. Estoy cansado, desde hace mucho, de que nos sirvan mascados los mitos a adorar; de que nos impongan los héroes a quienes tenemos que rendir culto con alma, cuerpo y abono de palco de Bernabeu, escaño en el Congreso o silla de tertuliano en la última mierda de programa de noche de fin de semana. Estoy harto de que me impongan no ya cómo vestir, sino cómo pensar y a quién admirar, por el tamaño de sus tetas o de su billetera. Y por eso mi memoria, también harta y, a veces, inesperada cómplice, me trajo a la retina la figura de los míticos centauros. Y la imagen que tardé en procesar -por increíble- fue la de una walkiria subida a lomos de un centauro: una walkiria que vencía al mundo, al dolor y a la muerte. Y logré comprender el por qué de ese cuadro, al recordar la motocamilla azul en que durante décadas, una sencilla mujer llevó a su hijo impedido a saludar al mundo, poniéndole unas ruedinas a sus piernas, imposibilitadas para andar.
Todas las mañanas del mundo, además del gran título de Corneau, se queda pequeño para definir el amor, la dedicación y la infinita paciencia de una madre que luchó hasta el final porque su hijo fuera feliz, incluso sin saberlo. Y pensando mucho, recordé también que mientras la madre miraba siempre hacia delante -siempre al camino que quedaba por recorrer, que aunque era el mismo siempre era distinto-, el hijo miraba hacia arriba. Y ahora, hoy,creo que se por qué. Creo que el día en que Jose nació -el día que ocurrió todo-, un pacto secreto se fraguó, tácito, entre la madre, el hijo y la irónica Providencia: la madre llevaría al hijo, impedido, por los caminos de la vida, los caminos que se ceñían a tres kilómetros de montaña, uno de valle y uno de mar. Y, a cambio, el hijo grabaría a fuego en su memoria todos los caminos del cielo: para, llegado el momento, ser él quien guiara a su madre por la infinitud de las nubes y las estrellas de un universo mejor. Y así, y porque el cielo es infinito -y no como los cuatro kilómetros de Aldín a Luarca-, Jose tuvo que fijar toda su atención en ese cielo inexpugnable y complejo, en ese laberinto de caminos por recorrer hasta comparecer ante el único juez Eterno. Y por eso, hoy ya no oigo el sonido de la motocamilla, pero si me esfuerzo y, como Jose hacía, callo, me concentro y miro hacia el cielo, alcanzo a verle a él. Y es él quien ahora guía a su madre para que no se pierda todas las maravillas del cielo que los dos han merecido y él, en silencio durante medio siglo, memorizó una a una. Y van juntos, y van de la mano, y ahora conversan en voz alta. Y la motocamilla quedó abajo porque, donde están, ninguno de los dos necesita otra cosa que todas las mañanas de un mundo, ahora eterno para ellos, para caminar, hablar y -creo- seguir parándose a saludarnos a nosotros, los vecinos de aquí abajo que, pensando que somos listos, en verdad nunca pudimos ver todo lo que Jose, postrado, veía desde su camilla de motor, paciencia y amor.
Primero subió el hijo, para prepararlo todo a su madre. Y la madre, harta ya de ver la motocamilla azul solina, subió también, muy poco después, para que aquel no la echara de menos. Y ahora están ya juntos, para siempre, recorriendo los mil caminos del cielo.
Todas las mañanas del mundo, además del gran título de Corneau, se queda pequeño para definir el amor, la dedicación y la infinita paciencia de una madre que luchó hasta el final porque su hijo fuera feliz, incluso sin saberlo. Y pensando mucho, recordé también que mientras la madre miraba siempre hacia delante -siempre al camino que quedaba por recorrer, que aunque era el mismo siempre era distinto-, el hijo miraba hacia arriba. Y ahora, hoy,creo que se por qué. Creo que el día en que Jose nació -el día que ocurrió todo-, un pacto secreto se fraguó, tácito, entre la madre, el hijo y la irónica Providencia: la madre llevaría al hijo, impedido, por los caminos de la vida, los caminos que se ceñían a tres kilómetros de montaña, uno de valle y uno de mar. Y, a cambio, el hijo grabaría a fuego en su memoria todos los caminos del cielo: para, llegado el momento, ser él quien guiara a su madre por la infinitud de las nubes y las estrellas de un universo mejor. Y así, y porque el cielo es infinito -y no como los cuatro kilómetros de Aldín a Luarca-, Jose tuvo que fijar toda su atención en ese cielo inexpugnable y complejo, en ese laberinto de caminos por recorrer hasta comparecer ante el único juez Eterno. Y por eso, hoy ya no oigo el sonido de la motocamilla, pero si me esfuerzo y, como Jose hacía, callo, me concentro y miro hacia el cielo, alcanzo a verle a él. Y es él quien ahora guía a su madre para que no se pierda todas las maravillas del cielo que los dos han merecido y él, en silencio durante medio siglo, memorizó una a una. Y van juntos, y van de la mano, y ahora conversan en voz alta. Y la motocamilla quedó abajo porque, donde están, ninguno de los dos necesita otra cosa que todas las mañanas de un mundo, ahora eterno para ellos, para caminar, hablar y -creo- seguir parándose a saludarnos a nosotros, los vecinos de aquí abajo que, pensando que somos listos, en verdad nunca pudimos ver todo lo que Jose, postrado, veía desde su camilla de motor, paciencia y amor.
Primero subió el hijo, para prepararlo todo a su madre. Y la madre, harta ya de ver la motocamilla azul solina, subió también, muy poco después, para que aquel no la echara de menos. Y ahora están ya juntos, para siempre, recorriendo los mil caminos del cielo.
cuando los tarados gobiernan: The ogre, con John Malkovich

Leyendo sobre la visita de Himmler a Montserrat en busca del Grial (que ocurrió, señores) me ha venido a la memoria una película que me marcó: sobre los temas (porque no trata un solo tema, sino que aglutina en 100 minutos lo que podría desarrollar en horas) y, sobre todo, porque no creo que vuelva a ver una película que muestre con tanta claridad lo destructivo que es un gobierno cuando lo gobiernan los locos, los resabiados y, en fin, aquellos que, de haber estado al otro lado del Reichstag, habrían sido los primeros en desfilar por los campos de exterminio. La descripción de las patologías de Göring, en especial cómo metía las manos en los diamantes para calmarse, unido a las rabietas que acababan con miles de inocentes y el cuadro de los últimos estertores de una Alemania Nazi que, en su suicidio, acabó con sus propios hijos pequeños, es soberbio. Por favor, si no la han visto, véanla, y comprenderám por qué hay que pensar antes de erigir a los monstruos en gobernantes y por qué el señor Malkovich es uno de los mejores actores que hay hoy (Vid. también de ratones y hombres y, cómo no, being John Malkovich). Para completar el cuadro de la piedra de la locura que pintaron la panda de lisiados y tarados que formaron gobierno en la Alemania nazi, son también ilustrativas el hundimiento (mi Bruno Ganz de Wenders, increible de nuevo) y, curiosamente, "la niña de tus ojos", con un incomparable retrato de Göebbels que hace pasable incluso a Penélope Cruz como actriz
martes, 19 de octubre de 2010
Su último aliento
Con su último aliento, sonrió.
Estaba en el suelo, con la cabeza pegada contra el barro, y lo último que su cuerpo notó fue el cañón de la pistola contra su sién. Y simultáneamente pensó: -huele a rosas-, y simultaneamente la cabeza, a la vez que se le vaciaba de materia gris por causa del tiro de gracia, se le llenó de todos los recuerdos que valían la pena.
Sus hijos,
su mujer,
sus padres,
los abuelos,
el pueblo,
el sonido del amanecer, en el preciso momento en que los grillos dejan paso a los gallos
el olor de la tierra nada más llover
comer la fruta que acababa de recoger del árbol
bajar en bicicleta las cuestas que bajaban de las montañas
el manantial de la roca
los tebeos leídos tomando el zumo que su madre preparaba para que le bajara la fiebre que le postró, más de una vez, sin colegio
(sin matemáticas, sin ciencias, sin lengua: sólo con Superlopez)
El primer beso,
el último beso
las campanadas del monasterio al amanecer,
la sombra de las pirámides,
la triste esperanza de Calcuta,
la infinitud de la Gran Muralla
el olor de las comidas en la Jama Al Fnaa,
La sonrisa de Epcot a los 15 años, recién enamorado
La vez que llegó el primero a la meta en la carrera de la milla
Las charlas con su padre,
que repitió con sus hijos,
La mirada de quienes confiaron en él,
y le quisieron.
El sabor de los recuerdos,
el olor de la primera vez que entró en el hórreo,
el olor de su hijo recién nacido
la calidez de la piel de su esposa desnuda,
y el rostro de quienes murieron con la dignidad de haber vivido.
Y sonrió,
y ellos, aunque pensaron que habían ganado, perdieron.
Porque ellos eran los muertos, y él, al fin, había vencido.
Estaba en el suelo, con la cabeza pegada contra el barro, y lo último que su cuerpo notó fue el cañón de la pistola contra su sién. Y simultáneamente pensó: -huele a rosas-, y simultaneamente la cabeza, a la vez que se le vaciaba de materia gris por causa del tiro de gracia, se le llenó de todos los recuerdos que valían la pena.
Sus hijos,
su mujer,
sus padres,
los abuelos,
el pueblo,
el sonido del amanecer, en el preciso momento en que los grillos dejan paso a los gallos
el olor de la tierra nada más llover
comer la fruta que acababa de recoger del árbol
bajar en bicicleta las cuestas que bajaban de las montañas
el manantial de la roca
los tebeos leídos tomando el zumo que su madre preparaba para que le bajara la fiebre que le postró, más de una vez, sin colegio
(sin matemáticas, sin ciencias, sin lengua: sólo con Superlopez)
El primer beso,
el último beso
las campanadas del monasterio al amanecer,
la sombra de las pirámides,
la triste esperanza de Calcuta,
la infinitud de la Gran Muralla
el olor de las comidas en la Jama Al Fnaa,
La sonrisa de Epcot a los 15 años, recién enamorado
La vez que llegó el primero a la meta en la carrera de la milla
Las charlas con su padre,
que repitió con sus hijos,
La mirada de quienes confiaron en él,
y le quisieron.
El sabor de los recuerdos,
el olor de la primera vez que entró en el hórreo,
el olor de su hijo recién nacido
la calidez de la piel de su esposa desnuda,
y el rostro de quienes murieron con la dignidad de haber vivido.
Y sonrió,
y ellos, aunque pensaron que habían ganado, perdieron.
Porque ellos eran los muertos, y él, al fin, había vencido.
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