viernes, 8 de septiembre de 2017

Incendios, dirigida por Mario Gas, con Nuria Espert

(Fotografía Teatro de la Abadía)

Hay obras indefinibles porque la turbación que provocan en lo mas hondo del yo ni se esperaba, ni se creería. Incendios es una de ellas. Una obra redonda, perfecta, equilibrada y desgarradora, que deja tan agotado al espectador como probablemente a cada una de las 8 bestias teatrales que constituyen su reparto. 
El cumplimiento por sus dos hijos de la ultima voluntad de una anciana, aparentemente extravagante y sin capacidad de amar, les sumerge en el descubrimiento de un pasado de crueldades, ira, lucha y encuentro final, donde la historia reciente de Oriente Medio se desnuda para mostrar unas cicatrices que Mario Gas ha logrado que supuren comprensión y aceptación del mal último como producto, en ocasiones, de un azar donde amor, pérdida de una razon de vivir y aceptación del error se hacen una simbiosis que lleva, al fin, a la reconciliacion final, que es la reconciliación con nosotros mismos.
Tres horas que se hacen una -y corta-; unos monólogos tan sobrios como intensos, máxime cuando son declamados por una de las últimas grandes damas de la escena; el perfecto equilbrio de emociones y una puesta en escena alejada de excesos e inventos convierten esta obra en una de las mejores que he visto. Y probablemente, que vea nunca.

sábado, 19 de agosto de 2017

Alfonso Azpiri. In memoriam


   Ayer falleció uno de los grandes del comic patrio, con un estilo propio que impregnó no solo las viñetas, sino la historia del videojuego español desde sus inicios y todo el rango de ilustración, desde la erótica hasta la dedicada al cine, pasando por la dedicada a la aventura o la ciencia ficción.
Todo autor de laudatio presume de haber sido amigo de quien nos dejó. Yo no tengo ese honor, y no por falta de ganas, sino de encuentros suficientes. Nos conocíamos, nos apreciábamos y quiero creer que, de no haber mediado un Luxemburgo de distancia, se nos podría haber calificado de amigos. Pero nada detiene el tiempo, y esta vez nos pilló sin unas cuantas conversaciones, sin unas cuantas cervezas, sin un puñado de disensiones.
Pero bastaba con conocer un poco a Alfonso, por poco que fuera, para caer rendido ante su mezcla unica de genio, ingenio, encanto y esa galantería tan ochentera que siempre llevó a gala.
Nunca logré pillar a Alfonso descuidado: ni en el exterior ni en el interior, y echaré de menos su genio, su elegancia, su voz y ese carisma que lograba trasladar al mínimo boceto que trazaba.

Buen viaje, Maestro. Tu gente y tus creaciones no te olvidaremos




































martes, 27 de junio de 2017

El mejor 13 rue del percebe, por Juan Manuel Muñoz Chueca



Gracias por dar vida a mi guión, Maestro. Nos vemos en la próxima aventura de Mortadelo

lunes, 26 de junio de 2017

pieles, de Eduardo Casanova




Si se aguanta el perturbador envite de los primeros 20 minutos, si nuestra moral logra superar la presentación de los personajes, la lectura final de esta película es bella, por contrapunto a la repugnancia que Casanova nos arroja de primeras a la cara.
Dudo si -dudo que- la crudeza de las situaciones obedezca al mero afán provocador o al fácil intento de depurar la sala de espectadores que no estén preparados para llegar al final de esta parábola de seres horrendos. Es mas bien el comienzo del proceso de decapado espiritual en que consiste esta película. Un velo de aberración y rechazo que, si se tiene la valentía de descorrer penetrando el alma y las circunstancias de cada freak de esta parada hasta el último minuto de la grabación, pone de manifiesto la belleza de la valentía, la resistencia, el afán de maternidad, el recuerdo y, sobre todo, el deseo de ser queridos, que nos hermana a todos. 

El mérito de esta película convertida en objeto de culto desde el mismo día de su estreno es que nos lleva de la mano en un viaje circular en que deformidad y belleza acaban confundiéndose, al hacer aflorar lo que la fealdad atesora para no morir, y a la vez desenterrar el abono de lo considerado bello. 

Ya lo hizo Bacon a su manera, ahora lo hace ese niño gay de Aida...

... que creció, y pintó de rosa todo lo que le rodeaba





sábado, 24 de junio de 2017

Sueño, de Andrés Lima

La relación del hijo con la figura paterna es compleja hasta extremos que solo llegamos a conocer cuando dicha figura deja de estar. Es entonces cuando la hostilidad se convierte en culpa, y el culpable intenta a su manera aliviar tal sentimiento, en ocasiones a través de un homenaje. El de Andrés Lima es bello y duro, al combinar la obra más bella de Shakespeare con la plasmación del bonvivantismo irresponsable que no ceja ante la cercanía del fin, plasmado en la vejez que devuelve a la forzada -y fragil- niñez física; aquella que va en pañales, se cae y no se avergüenza, más que ante determinados recuerdos. El resultado, una obra potente y dulce, que no necesitaba la estroboscopia para lucir por sí sola.

miércoles, 14 de junio de 2017

The leftovers, o la elegancia de la sencillez final


Comenzó difícil, se desarrolló como una gran fábula sobre la posibilidad de que Dios puede resultar ser quien menos quiere serlo, y terminó como una gran historia de amor, donde ese amor que nunca claudica, al final todo lo puede. Una reconsideración de la epístola de San Pablo, solo que esta vez los corintios van de blanco, fuman y piensan que el mundo se terminó el día de la Gran Desaparición, y los vivos no son los muertos, sino los condenados. Al final, la trama que parecía imposible de resolver, se zanjó del modo mas elegante y sencillo, mediante el amor que intuíamos en los cuentos de princesas, en las gestas de los héroes, en las vidas de los Santos. Ese amor que solo se encuentra al final del túnel, si se avanza lo suficiente y nos quedamos sin oxígeno para volver. 

En ese punto en que la oscuridad es tan cerrada que nos traga, o se rinde y termina herida por la luz.

Una serie para degustar con paciencia, curiosidad y la inocencia de quien yerra, pero intenta no pecar

martes, 6 de junio de 2017

El cuadro inacabado de Frida Kahlo


Frida la infeliz, la desequilibrada por amor, la que todo quiso, y todo intentó. La que buscó el secreto de la vida en los incorrectos lechos y acabó en uno de dolor.

La cómplice y eternamente curiosa Frida dejó un cuadro inacabado que, hasta hace relativamente poco, se exponía en el caballete de la habitacion estudio de su casa museo.

Era un cuadro de Stalin, y no fue por casualidad.

Tengo una teoría sobre Frida, Trotsky, Mercader y una oscura asociación que algún día verá la luz

O no

Refugio, de Miguel del Arco (Centro Dramático Nacional)

Fui ya hace unas semanas y, por una u otra razón, no cumplí la palabra dada a alguien. Inspirada en Teorema, del Pasolini maldito, coge simplemente la idea básica de esa película, para demostrar la fuerza se la palabra. El escenario es, al menos para mi, una inteligente boca que, al final, se traga a todos, y demuestra que hay dos tipos de voces: las que hablan para manipular a otros, y las que nos hablan sin palabras, para enfrentarnos al espejo de nuestras propias mentiras. El extraño atormentado por la culpa que oye sin poder escuchar y, así, elige las palabras que cree le dirigen, sus propias palabras. Y el propio al que no le quedan palabras ciertas, solo su fuerza, para mantener un precarísimo equilibrio creado gracias a la perversión de aquellas.

Quizás las palabras, y las voces, no olviden cuando son torturadas para la maldad, y vuelven para vengarse.

Nueva comisión al Sr. Alfaro Rey


Ya quería yo una calavera de cristal para mi gabinete de curiosidades. 

sábado, 3 de junio de 2017

El arte y la eternidad



Soy un admirador rendido de Chema Madoz, por mas de una razón. Y después del libro de Asturias que le encargó la fundación Masaveu (Sr. Madoz, regáleme una copia del vinilo-faro, se lo ruego), mi fibra mas nostálgica ha quedado seriamente afectada. Dicho lo cual, cumple decir que, ademas de un gran fotógrafo, es un intelectual empapado de historia del arte.

Es este mundo del arte moderno (abstracción hecha de las llamadas obras efímeras y la madre que las parió) asistimos a un proceso acelerado de mestizaje de las más distintas técnicas y disciplinas. Ya no hay solo fotografía, collage, ready-made o poemas visuales. Atrás quedaron los  caligramas de Apollinaire, las cajas del grandísimo Joseph Cornell o los collages de Max Ernst como obras raras por únicas. El bombardeo de datos y el acceso inmediato a toda la información sobre tendencias artísticas provoca un empacho cuyo sueño, igual que el de los románticos, debiera vomitar no monstruos, sino prodigios. Y así, si tiramos de Madoz, afloran Mackaoui, Isidro Ferrer, Joan Brossa, Man Ray, los Ready-Made, los collages de Alfonso Buñuel.... Si buceamos en Ai Weiwei nos sale una mezcla de Marina Abramovic, Niki de Saint Phalle o los rockeros cubanos que se inyectaron el SIDA en los 80 como acto de rebeldía. Y así, figuras como Alexandre Dumas, Sironi, el Bosco, Goya (siempre Goya) y ese primitivismo que Picasso supo hacer salir del hipotálamo atávico perviven ad infinitum. Eugenio D'Ors (uno de los pocos que en el franquismo podía criticar y salir impune) decía que en arte lo que no es tradición es plagio, y es harto difícil encontrar una obra 100% original. No por un afán de copia, sino por las influencias -conscientes o inconscientes- que todo creador despliega en el acto creativo y, seamos sinceros, por la consciencia de autodestrucción que impregna todo alma sensible y ae transmite al público en general (gracias, señor Jung, por arrojar cierta luz al respecto). De ahí que todo arte tenga algo de religioso y, si se bucea sin rubor, de funerario. No por morbo, sino porque, al trascender a su creador, da pistas sobre lo que nos trasciende a cada uno de nosotros. 

Egipto, los castigos del infierno de Dante vistos por Doré, las fotografías post-mortem, las diableries, los falsos esqueletos de sirena de los circos de freaks, las cabezas jíbaras reducidas, los trabajos de Joel-Peter Witkins o las masas que aplaudían las ejecuciones son todo uno, y son muestra de que el arte no muere, y resucita a los que en cada obra se encierran. 

El arte, siendo eterno, nos eterniza.

Perú


Perú es un lugar amable. De gente amable, que a veces piensa que el verdadero Dorado no era sino una fórmula que Pizarro se habría traido de vuelta al Bernabeu, en lugar de tanto oro. 
Un sitio de gente entusiasta de de la vida, que conserva algo que perdimos hace mucho: la curiosidad que se maravilla ante cada pequeño milagro diario.

En Perú, la comida sabe más, sin necesidad de ir a Astrid y Gaston. El caldo de gallina más sencillo, sorbido sin prisa en Abancay como parte del menú de cualquier casa de comidas, despierta cuerpo y alma.

Las mujeres policía reconvienen severamente, en esos uniformes maravillosos, a conductores capciosamente distraidos.

Las carreteras nunca acaban de terminar, siempre queda un kilometro más de glorioso paisaje, un último valle, un pequeño cementerio con 3 tumbas de espejos que recuerdan que el alma es lo que nos enfrenta cada día.

En Perú, el Inca pervive en el rostro arrugado de cada serrano, en el brillo del maiz negro, el frío seco de las carreteras que corren a cinco mil metros, el sincretismo de Vírgenes por siempre embarazadas -como la Pacha Mama-o la sal del chocolate. No hace falta subir al Macchu Piccu

Perú es mucho, quizás todo.

sábado, 6 de mayo de 2017

Los sueños de Quevedo



Los sueños, vaya por delante, es una obra completa, y no puede reprocharse nada a un Echanove capaz de sobrellevar dos horas de un texto más que complejo. Con una buena puesta en escena, una mejor música y un excepcional elenco de personajes (especialmente Aminta y la muerte), el resultado, sin duda, vale y mueve.

Pero no conmueve.

Al menos, en este estadio inicial en que no se ve a Echanove cómodo con sus registros. Falta el Quevedo rebelde, irónico e irredento hasta su muerte -ya anciano, aguantó 4 años encarcelado-, y sobra bastante Quevedo quejumbroso. Con la gran voz que Echanove es capaz de sacar, los sueños precisan a un Quevedo soñador, no continuamente doliente, lo cual lleva al público a empatizar con el anciano y su agonía, pero no con el polémico y mordaz crítico, cuya primera víctima siempre fue él mismo.

La obra debiera mostrar la ensoñacion final de una mente única y cabal hasta el fin, una suerte de última mejoría, y no un ejercicio de piedad por alguien que, cuando menos, seguro que nunca la quiso. Al Quevedo de los sueños le rodean ensoñaciones y, como tales, deben maravillar, mas no atormentar al anciano preagónico que se nos presenta.
En suma, aceptada la innegable calidad de la obra, se echa en falta vigor en ciertos momentos de las ensoñaciones del genio, abstracción hecha de edades o estados de salud. Hay ancianos vigorosos y, por contra, jovenes muertos en vida. Estoy seguro y espero que, a medida que se sucedan las representaciones y Echanove gane confianza a un texto complejísimo, encontrará ese vigor preciso. Pero debe encontrarlo, so pena de convertir al genio doliente en una suerte de masa débil y quejosa, lo cual llevará -se insiste- a la compasion por un anciano desahuciado, mas nunca a la maravilla ante un genio eternamente rebelde.

martes, 21 de marzo de 2017

El Lúa de Manuel Dominguez


Con esta moda que comenzó Adriá, ese tipo listo que supo salirse antes de quemarse -recrearse, creo que lo llamó-, y siguió mi admirado David Muñoz -David, no esa invención llamada "Dabiz"-, uno no sabe ya donde ir, en este "gastromundo" donde con algo que huela a trufa, unas colmenillas y un chorrillo de ponzu uno ya puede -y debe- cobrar 150€ del ala por cabeza. De ahí que vaya siendo hora de hablar de uno de los pocos chefs que, junto al incimbustible Abraham García, no ha enloquecido: Manuel Dominguez y su Lúa, un local (déjenme de "espacios", siderales o no) correctísimo en su sobriedad donde uno puede dedicarse al noble arte de comer y degustar lo que come.

La pauta de éxito de un buen menú es doble: que te tome de la mano, y que te deje satisfecho. Un menú de estrella tiene que hacer de guía, y llevarte a un viaje que comience suave, que lleve a intensidades diversas y termine más feliz que dulce. Para ello se han de conjugar al menos tres factores: buen servicio, buen ambiente y mejor cocina. Y esto, lo logra Dominguez al mejor precio de estrella Michelin, con lo que sales satisfecho y con la sensacion de haber pagado lo correcto por una comida a la altura.

Dominguez sabe de cocina. Eso lo demuestra desde el minuto uno, y a lo largo del menú demuestra que domina las diversas técnicas gastronómicas, desde la esferificación hasta el marinado, pasando por la coccion de carne a baja temperatura durante prolongados periodos o el equilibrio de contrarios. Y demostrado esto, se lanza a una suerte de cocina híbrida entre lo gallego (no olvida las ajadas, la cuchara o el pulpo) y la modernidad que respeta el axioma de que el cliente debe comer y degustar por partes iguales a través de un recorrido diseñado con tales fines en mente. Y si a ello añadimos vinos blancos como ese "a tiro fijo" que le hacen solo para él, y un servicio que domina el arte de la prudencia y los tiempos, el resultado solo puede ser óptimo, como fue el año pasado y ha sido hoy. 

Por favor, Manuel, no cambie Usted.

lunes, 20 de marzo de 2017

Bella y educativa parábola postmoderna


En esta época de posverdad transversal y empática, mi resiliencia me condujo a poner en valor puntualmente mis tensiones acudiendo -en lugar de a un coach- a un gastrobar con mobiliario vintage de zona recién gentrificada, lleno de hipsters con mostacho que bebían rooibos y té matcha... donde la única persona normal que he visto en mucho tiempo se apiadó de mí y me  desempoderó la tontuna de una buena guantá a mano abierta.

Gracias, gracias, gracias

jueves, 16 de marzo de 2017

Zapatumbi the Wise (I)


Copyright Juanjo L. Escudero

sábado, 11 de marzo de 2017

Hace ya 13 años del 11-M

... y lejos de olvidarlo, el recuerdo de los inocentes destrozados en las vías dd los Cercanías cada vez se graba más a fuego e ira en nuestros corazones. Me cuesta escribir con moderacion, distancia o cordura sobre lo que fue la matanza más cruel de la historia de la España democrática. De hecho, no puedo escribir sin sentir tanto, y tan malo, que prefiero dejar de intentarlo. Pero nunca, nunca olvidaremos a cada uno de esos inocentes, gente de a pie, de esa que en ocasiones no puede ni permitirse el coche con que ir diariamente al trabajo.  Gente modesta, humilde, joven y vieja, de aquí y tantas otras naciones... porque el terror no entiende de nada que no sea rojo de sangre.

Qué fácil es cebarse con los débiles, a escondidas. Con los no tan débiles, cara a cara, en igualdad de condiciones, a lo mejor no lo es tanto.

Guernica (Star Wars), private copy from the original by Ismaelo Pop

The original, by the awesome Ismaelo Pop, is a digital creation worth having. Check his web: quite an awesome creator and blender of icons and places

martes, 7 de marzo de 2017

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad



Calificamos de personaje Conradiano a aquellos seres malditos, consumidos por tal tormento interno que con frecuencia les lleva a la autodestrucción a pesar del halo de un rol construido bien por asombro, bien por reverencia , carisma o el atractivo que la magna locura produce en los grupos humanos, a  imagen del Kurtz de "el corazón de las tinieblas" (heart of darkness) de Joseph Conrad, esa elegantísima narración corta que describe el viaje en busca del semidios a través de la fascinación de la abominación, la concepción de la fuerza en relación con la debilidad del contrario;  el olor del barro primigenio o la sublime naturaleza del halo psicótico. 

Tinieblas no es una buena traducción. Es oscuridad el fin del viaje, y seres como Kurtz nunca fueron juguetes en manos del Tiempo. Es el Tiempo mismo el que se pliega a su deseo para salvarles de la agonía y devolverles, desde la propia locura, a la segura y cómoda niñez o, cual es el caso, a los brazos del ser amado que fue, quizás, quien realmente les creó.

Porque al final, lo que se intuye de las últimas páginas, es que el corazón de la oscuridad no reside en las selvas de la locura, sino en los salones donde seres rechazados juran en secreto llegar hasta el fin del mundo para encontrar el marfil (o el oro, o el poder) que les reportará la aceptación última, la de aquellos pocos que, en su día, les despreciaron.

viernes, 3 de marzo de 2017

Arturo Marian Llanos. In memoriam



Arturo Marian Llanos no hubiera creado lo que creó sin su vida, sus 9 años en prisión y su patología esquizoide.

Hijo de una de las "niñas de la guerra" que la república envió a Rusia y de un periodista moldavo, la prisión era una maldicion familiar que tras el abuelo y el padreb siguió el hijo al ser detenido intentando pasar 1 kg de cocaína en los 90. Pero antes de eso, se había formado artísticamente en la Academia Ilia Repin, le habían expulsado de las juventudes comunistas, había llenado su mente enferma de pintores revolucionarios, simbología y sectas rusas y, como no podía ser de otra manera, comenzó a pintar el resultado de sendos sufrimiento, cultura, ideología, genio y esquizofrenia en lienzo o, ya en la cárcel, el papel y bolis bic que le podían pasar sus amigos.

Pasó hambre, en Moldavia y España. Pero hambre de la de verdad. Tanto que no supo ver la trampa de los traficantes que le delataron para ocultar el verdadero alijo que simultaneamente estaban pasando por la aduana, y pagó él mientras decenas de kilos pasaban casi a la vez, por el mismo pasillo. Y lo pagó con 9 años de prision, uno detrás de otro, en distintas cárceles, donde la unica droga que se metía era la que salía de sus enfebrecidos bics azul y rojo. no debe extrañar, pues, que tras salir de la cárcel durara poco. Pero cuando falleció su obra empezó a clamar por él a través de lienzos, dibujos y grabados que tenían la facultad de conectar ese cerebro ya muerto con el hipotálamo atávico de todos los que contemplaban sus obras.

La obra de Arturo Marian no deja indiferente porque no es realmente suya, sino de su locura esquizoide. Una locura que, por cultivada y genial, llega necesariamente a todo espectador que, sin poder explicar lucidamente el por qué, acusa el impacto casi físico de temáticas complejas y entrelazadas donde no cabe una sola idea mas. En la cabeza de Arturo sí cabían. Las nuestras se niegan a comprender, so pena de tener que caer en su misma locura para, por fin, aprehender la entropía de la creación sin límites.

Bienvenidos a la resignada locura. Aquella que acepta sin juzgar para crear con dolor de parto imágenes que devienen infinitas.