jueves, 19 de abril de 2018

Duelo

En el humo celebro el duelo.
En la oscuridad observo, complacido,
el pavor de los temerosos,
la exaltación de los que desesperan,
el triunfo de la atrición.

Huelo un sudor que me agrede,
oigo el chocar de cruces que,
esgrimidas como espadas,
pugnan por ser las primeras en el juicio.

Veo un nuevo altar
cuyo santo no venero,
acercándose, despiadado,
a contarme el último secreto:

Solo existe la fe,
solo existe esto.
Y la única energía que verás,
-justo antes de caer muerto-,

es la que nace de los huesos quebrados,
de los miembros bajo mil pies,
del pavor, hondo, de los lamentos
de los órganos que atraviesan unas astillas.

Astillas que, a la vez,
son cruces, flecha, lanzas
que destruyen la esperanza última,
esa de poder renacer.

No hay nada más,
no hay otros sonidos,
otros sueños
ni más colores que estos tonos,

En negro

miércoles, 18 de abril de 2018

El sonido del mar

El sonido del mar es el sonido de todo lo perdido,
que vuelve.

La llamada de la madre, para que no nos metamos muy adentro 
(el agua cubre. Siempre).

La primera foto que nos hicimos con ella
-esa que ya no está-
y arrojamos, entre lágrimas, a sus aguas.

La tos, eterna, por incurable,
del abuelo que se fue
y, no obstante, sigue aquí.

El rugido del primer coche
el que nos llevó a los confines de nuestro mundo
poco antes de intentar matarnos.

El anuncio de las lágrimas que hoy,
en que el mar me recuerda todo lo perdido,
puedo, ya sin vergüenza, llorar.

lunes, 12 de marzo de 2018

Mis 10 mandamientos del sumiller



Para mí (no se si para otros), el perfecto sumiller:

1.- Elude deliberadamente el vino más caro, en pro del mejor vino calidad-precio.

2.- No te trae el mejor vino en abstracto, sino el que mejor acompaña el plato concreto.

3.- No trae un vino que eclipse el plato, consciente del protagonismo del caldo en cada fase de cada comida.

4.- Busca un vino que, en caso de que el plato tenga alguna carencia, la supla, complemente o incluso oculte, llegando a asumir la culpa porque “el vino sabía demasiado”.

5.- Es leal al director de orquesta.

6.- Vela porque el personal no rellene las copas demasiado rápido, sino solo cuando proceda.

7.- Disfrutando de lo que hace, hace disfrutar a quien se pone en sus manos.

8.- Habla con los clientes, mezclando el vino que presenta, su historia, anécdotas y, por qué no, algún taco emotivo.

9.- Contrapropone motivadamente al cliente cuando sabe que la eleccion de caldos de éste no va a ser la óptima o cuando -como pasa alguna vez- el que pide le va a dejar sin la mejor botella de la cava, esa que ha tardado años en encontrar, solo porque financieramente puede tras un pelotazo financiero, aunque no distinga un Romanée-Conti de un Pentavin.

10.- Por último, sabe ser a la vez correcto, educado, versátil, agradable, simpático, cachondo, iconoclasta e invitador, a la vista de la idiosincrasia colectiva de cada mesa concreta. 


Ea


domingo, 4 de marzo de 2018

La Asturias de Nacho Manzano

No es fácil catalogar a Nacho Manzano, un chef capaz de aupar un negocio familiar centenario hasta el Olimpo gastrónomico de los lugares de dos (y más) estrellas Michelin sin perder la personalidad tradicional. Llegué a él a través de Marcos, un amigo común cuya obra pictórica ambos admiramos, y llegué para quedarme.

Hace unos días fue en el In Residence 2018 del Eurobuilding, donde desplazó por 10 días a Matteo, Juan Luis, Sandra, Dolores, Eduardo, el navarro adoptado..., y no solo estuvo a la altura, sino que brilló en un espacio que, aunque atractivo, no deja de plantear problemas a los chefs que ahí trabajan (las cocinas varían, hay que gestionar los platos que necesitan humo, la sala adolece de defectos de acústica...). 

Lo que planteó fue un recorrido en 16 platos (4 entrantes, 10 principales y 2 postres) por la gastronomía de Asturias, y constato que la recorrió toda: desde los excepcionales crustaceos y bivalvos de su Cantábrico hasta el cocido de unos “menudos corazones” único, pasando por la poma de Afuega’l pitu, unas crestas -muy suyas- de pitu caleya (prodigio de equilibrio entre sabor e intensidad) o la becada mas espectacular que probaré nunca, tributo a esas jornadas cazando arcea en los alrededores de su aldeína de arriba de Arriondas, días contados en que logra descansar su acelerada cabeza buscando ese pájaro que viene del Norte, emigra cerca de su casa de siempre y, creanlo o no, hasta sabe un poco a mar.

Nacho Manzano se propuso bajar Asturias a Madrid, y lo logró. Gracias, Don Ignacio. Espero vernos el 10 con Don Martín, otro maestro (guardeme 2 sitinos, por compasión).

lunes, 19 de febrero de 2018

camino

Todos caminamos hacia nuestro último día.
Para algunos, es ahí donde finaliza todo
para otros, es solo el comienzo.

El fin de la condena,
el fin del viaje,
el fin de todas las lágrimas
- unas y otras-
El fin de los sonidos, sean cantos o gritos.
El fin de los esfuerzos
por dejar de sufrir,
de odiar
de amar a quien no debemos.

Y así, el comienzo de ese fin
no es más que el fin del comienzo
marcado por un sonido, único,
que cada uno reconocemos, distinto:
la gota que rompió la sequía,
el viento que transportó la semilla,
el primer aire que aspiró el hijo,
el último que exhaló el autor del mal.
La nota con que comenzó su primera melodía,
la primera hoja del libro,
el pequeño gemido del primer amor,
la primera palabra,
el siempre,
el sí,
la promesa de que volveríamos,
de que nunca estaría sola.

Un sonido que,
en su única soledad,
nos marca el comienzo de la eternidad,
el fin del sufrimiento,
la nueva oportunidad,
el despertar de la vida a la que cerramos los ojos...
El fin de un camino
que,
quizás,


lleve a otro.

viernes, 2 de febrero de 2018

libros que se cierran

Hicimos tanto camino juntos

(no siempre de la mano, no hizo falta).

Dormíamos donde queríamos

-o donde podíamos, nunca importó-.

Vimos mundo,

vimos mundos:

aquellos que muestran, orgullosos, los países,

y los que hay que perderse para encontrar.


Fuimos felices,

(aun cuando no lo fueramos).

Nunca necesitamos otra cosa del otro

que lo que solo se precisa para sonreir.


No nos creimos eternos,

pero sí solidos.

No nos pensamos inmutables,

pero sí con la persistencia de lo que fluye.

No nos vimos indestructibles,

pero sí arraigados en el otro.


Hasta que tuvo que dejar de ser.

No por su culpa, o la mía.

No acabó el cariño.

Sólo el sueño.

Nos despertaron a la realidad

y,

en esa realidad,

no estábamos juntos.


Ahora me leo,

reviso con la mente todo lo pasado con ella

y,

sin arrepentirme un segundo,

ni dejar de sonreir ante el peso de lo vivido,

cierro el amplio libro de nosotros dos.


Aliso la arrugada hoja de papel en que he quedado

e intento,

viejo nuevo,

desechado papel con burratajos que no sirven

buscar las palabras con que reescribirme.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Atlántico, de Alvaro Guijarro sobre pinturas de Antonio Cazorla

Gracias sean dadas al Hacedor.

Llegué en pánico, temiendo alguna aberración atonal disfrazada de piezón contemporaneo solo para unos pocos elegidos (el enésimo traje nuevo del emperador), y encontré una creacion más que digna. Tres piezas que, de la ortodoxia contemporanea y descriptiva de la primera, me trasladaron al Hollywood de los cincuenta en la segunda, donde me encontré con Stravinsky para después, ya en la tercera, hallar a un Falla revestido de modernidad. Un Falla que, si bien olía más a Mediterráneo que a Atlántico, despertó ese olvidado resquicio de sensibilidad casi orientalista que por un momento me hizo contemplar, en una suerte de mágica sinestesia, los lienzos de Gericault, de Delacroix.... Aunque, esta vez, no en las aguas de pscinas de baños o harenes, sino en las tranquilas e infinitas playas de Punta Umbría, esas cuyas olas (y espuma) ha dejado para siempre en lienzo el infinitamente paciente pincel de mi buen Don Antonio.

Gracias a los dos

sábado, 7 de octubre de 2017

Blade Runner 2049. Una joya innecesaria



Axioma de partida: NUNCA se precisó una segunda parte de Blade Runner. Así era la rosa, autoconclusiva y dejada a la reflexión última de cada espectador. Dicho lo cual, era inevitable que una Obra Maestra del cine como esta fuera pasto de los secuelistas de esta triste época, en que impera la relacion inversa entre imaginación y codicia. Se intentó evitar, postergar... pero al fin, tuvo que llegar la temida segunda parte. Una segunda parte que, empero, nunca podría estar a la altura de la primera, por la simple razon de que eso es imposible. Solo la necesidad de continuar ese mundo oscuro de replicantes y humanos como insectos, en que el sueño y la realidad de cada existencia son tan difusos como las gotas de lluvia hace imposible inteoducir alguna idea a esa altura. Dicho lo cual, la secuela no intenta eclipsar a su antecesora, solo humildemente continuarla intentando llegar a su altura en la (parca) medida de lo posible. Y es en el humilde reconocimiento de tal imposibilidad donde reside su mérito. En que esa consciencia de finitud lleva a respetar al 1000% el mundo creado por Ridley Scott, Moebius y Fancher, intentando recrearlo hasta el punto de no prescindir de los tres elementos que llevaron Blade Runner a la gloria: la ambientacion, la opresion y el final no feliz. Estos tres elementos vuelven y, si bien es cierto que personajes como Luv (¿qué hace una supermalísima de comic aquí?) y Wallace (solo habrá un Tyrell, por mucho que hagan a Leto decir tontuneces) sobren de todo punto, la película devuelve al espectador a esa melancolía que sentimos cuando escuchamos por primera vez a Roy Batty hablar de las cosas que él vió y nosotros nunca creeríamos. Bueno... quizás no a tanta.

Boadella o la verdad de los bufones

Albert Boadella, esa síntesis del cachondo de Albert y el preocupado Boadella, ha hecho como los gays alemanes, que cogieron el apelativo despectivo "schwule" y lo tornaron en su grito de orgullo.
Boadella fue tildado de bufón en su tierra natal, y se convirtió en el bufon ilustrado que, tras escapar de Consejos de guerra franquistas, imputaciones en el país de la liberté y el rechazo de sus paisanos, fundó un partido político y se vino para Madrid. Lo cierto es que Boadella no hace distingos. Nunca los hizo. Simplemente carga contra quien en un momento dado le fastidia, que es aquel grupo, nacion o colectivo cuya estulticia llega al punto de hacerse peligrosa. El otro día, sin ir mas lejos, cargó en los Teatros del Canal contra el Arte contemporaneo (y sus coleccionistas) con tantos topicazos que, francamente, me molestó hasta a mi, y mucho. Pero así es él. Y esas cargas a veces son más molestas que las policiales, porque son cargas de inteligencia, cargas de profundidad lastradas con el peso de la verdad, y esas hacen un daño a los imbéciles que perdura en el tiempo, y no se cura facilmente. Boadella, a lo largo de su vida, ha demostrado ser, como mi amigo Juan Antonio, lo que yo llamo equijodiente, cualidad ésta que solo adorna a un puñado de personas excepcionalmente inteligentes y equidistantes de cualquier extremo -o sea, irremediablente en el centro- y les impele a decir la verdad, sin pararse a ponderar las consecuencias. Una suerte de irresponsable, ilustrado y especialmente peligroso síndrome de Tourette, porque teniendo cura, nunca se curará. Y demos gracias por tal naturaleza crónica, porque este país necesita más que nunca de niños que, amparados por la verdadera libertad de expresion (y no la concepcion moderna, que la limita a poder expresar solo lo que coincide con lo que yo pienso), clame a voz en grito que el emperador está desnudo. Porque lo está. Y más que nunca.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Incendios, dirigida por Mario Gas, con Nuria Espert

(Fotografía Teatro de la Abadía)

Hay obras indefinibles porque la turbación que provocan en lo mas hondo del yo ni se esperaba, ni se creería. Incendios es una de ellas. Una obra redonda, perfecta, equilibrada y desgarradora, que deja tan agotado al espectador como probablemente a cada una de las 8 bestias teatrales que constituyen su reparto. 
El cumplimiento por sus dos hijos de la ultima voluntad de una anciana, aparentemente extravagante y sin capacidad de amar, les sumerge en el descubrimiento de un pasado de crueldades, ira, lucha y encuentro final, donde la historia reciente de Oriente Medio se desnuda para mostrar unas cicatrices que Mario Gas ha logrado que supuren comprensión y aceptación del mal último como producto, en ocasiones, de un azar donde amor, pérdida de una razon de vivir y aceptación del error se hacen una simbiosis que lleva, al fin, a la reconciliacion final, que es la reconciliación con nosotros mismos.
Tres horas que se hacen una -y corta-; unos monólogos tan sobrios como intensos, máxime cuando son declamados por una de las últimas grandes damas de la escena; el perfecto equilbrio de emociones y una puesta en escena alejada de excesos e inventos convierten esta obra en una de las mejores que he visto. Y probablemente, que vea nunca.

sábado, 19 de agosto de 2017

Alfonso Azpiri. In memoriam


   Ayer falleció uno de los grandes del comic patrio, con un estilo propio que impregnó no solo las viñetas, sino la historia del videojuego español desde sus inicios y todo el rango de ilustración, desde la erótica hasta la dedicada al cine, pasando por la dedicada a la aventura o la ciencia ficción.
Todo autor de laudatio presume de haber sido amigo de quien nos dejó. Yo no tengo ese honor, y no por falta de ganas, sino de encuentros suficientes. Nos conocíamos, nos apreciábamos y quiero creer que, de no haber mediado un Luxemburgo de distancia, se nos podría haber calificado de amigos. Pero nada detiene el tiempo, y esta vez nos pilló sin unas cuantas conversaciones, sin unas cuantas cervezas, sin un puñado de disensiones.
Pero bastaba con conocer un poco a Alfonso, por poco que fuera, para caer rendido ante su mezcla unica de genio, ingenio, encanto y esa galantería tan ochentera que siempre llevó a gala.
Nunca logré pillar a Alfonso descuidado: ni en el exterior ni en el interior, y echaré de menos su genio, su elegancia, su voz y ese carisma que lograba trasladar al mínimo boceto que trazaba.

Buen viaje, Maestro. Tu gente y tus creaciones no te olvidaremos




































martes, 27 de junio de 2017

El mejor 13 rue del percebe, por Juan Manuel Muñoz Chueca



Gracias por dar vida a mi guión, Maestro. Nos vemos en la próxima aventura de Mortadelo

lunes, 26 de junio de 2017

pieles, de Eduardo Casanova




Si se aguanta el perturbador envite de los primeros 20 minutos, si nuestra moral logra superar la presentación de los personajes, la lectura final de esta película es bella, por contrapunto a la repugnancia que Casanova nos arroja de primeras a la cara.
Dudo si -dudo que- la crudeza de las situaciones obedezca al mero afán provocador o al fácil intento de depurar la sala de espectadores que no estén preparados para llegar al final de esta parábola de seres horrendos. Es mas bien el comienzo del proceso de decapado espiritual en que consiste esta película. Un velo de aberración y rechazo que, si se tiene la valentía de descorrer penetrando el alma y las circunstancias de cada freak de esta parada hasta el último minuto de la grabación, pone de manifiesto la belleza de la valentía, la resistencia, el afán de maternidad, el recuerdo y, sobre todo, el deseo de ser queridos, que nos hermana a todos. 

El mérito de esta película convertida en objeto de culto desde el mismo día de su estreno es que nos lleva de la mano en un viaje circular en que deformidad y belleza acaban confundiéndose, al hacer aflorar lo que la fealdad atesora para no morir, y a la vez desenterrar el abono de lo considerado bello. 

Ya lo hizo Bacon a su manera, ahora lo hace ese niño gay de Aida...

... que creció, y pintó de rosa todo lo que le rodeaba





sábado, 24 de junio de 2017

Sueño, de Andrés Lima

La relación del hijo con la figura paterna es compleja hasta extremos que solo llegamos a conocer cuando dicha figura deja de estar. Es entonces cuando la hostilidad se convierte en culpa, y el culpable intenta a su manera aliviar tal sentimiento, en ocasiones a través de un homenaje. El de Andrés Lima es bello y duro, al combinar la obra más bella de Shakespeare con la plasmación del bonvivantismo irresponsable que no ceja ante la cercanía del fin, plasmado en la vejez que devuelve a la forzada -y fragil- niñez física; aquella que va en pañales, se cae y no se avergüenza, más que ante determinados recuerdos. El resultado, una obra potente y dulce, que no necesitaba la estroboscopia para lucir por sí sola.

miércoles, 14 de junio de 2017

The leftovers, o la elegancia de la sencillez final


Comenzó difícil, se desarrolló como una gran fábula sobre la posibilidad de que Dios puede resultar ser quien menos quiere serlo, y terminó como una gran historia de amor, donde ese amor que nunca claudica, al final todo lo puede. Una reconsideración de la epístola de San Pablo, solo que esta vez los corintios van de blanco, fuman y piensan que el mundo se terminó el día de la Gran Desaparición, y los vivos no son los muertos, sino los condenados. Al final, la trama que parecía imposible de resolver, se zanjó del modo mas elegante y sencillo, mediante el amor que intuíamos en los cuentos de princesas, en las gestas de los héroes, en las vidas de los Santos. Ese amor que solo se encuentra al final del túnel, si se avanza lo suficiente y nos quedamos sin oxígeno para volver. 

En ese punto en que la oscuridad es tan cerrada que nos traga, o se rinde y termina herida por la luz.

Una serie para degustar con paciencia, curiosidad y la inocencia de quien yerra, pero intenta no pecar

martes, 6 de junio de 2017

El cuadro inacabado de Frida Kahlo


Frida la infeliz, la desequilibrada por amor, la que todo quiso, y todo intentó. La que buscó el secreto de la vida en los incorrectos lechos y acabó en uno de dolor.

La cómplice y eternamente curiosa Frida dejó un cuadro inacabado que, hasta hace relativamente poco, se exponía en el caballete de la habitacion estudio de su casa museo.

Era un cuadro de Stalin, y no fue por casualidad.

Tengo una teoría sobre Frida, Trotsky, Mercader y una oscura asociación que algún día verá la luz

O no

Refugio, de Miguel del Arco (Centro Dramático Nacional)

Fui ya hace unas semanas y, por una u otra razón, no cumplí la palabra dada a alguien. Inspirada en Teorema, del Pasolini maldito, coge simplemente la idea básica de esa película, para demostrar la fuerza se la palabra. El escenario es, al menos para mi, una inteligente boca que, al final, se traga a todos, y demuestra que hay dos tipos de voces: las que hablan para manipular a otros, y las que nos hablan sin palabras, para enfrentarnos al espejo de nuestras propias mentiras. El extraño atormentado por la culpa que oye sin poder escuchar y, así, elige las palabras que cree le dirigen, sus propias palabras. Y el propio al que no le quedan palabras ciertas, solo su fuerza, para mantener un precarísimo equilibrio creado gracias a la perversión de aquellas.

Quizás las palabras, y las voces, no olviden cuando son torturadas para la maldad, y vuelven para vengarse.

Nueva comisión al Sr. Alfaro Rey


Ya quería yo una calavera de cristal para mi gabinete de curiosidades. 

sábado, 3 de junio de 2017

El arte y la eternidad



Soy un admirador rendido de Chema Madoz, por mas de una razón. Y después del libro de Asturias que le encargó la fundación Masaveu (Sr. Madoz, regáleme una copia del vinilo-faro, se lo ruego), mi fibra mas nostálgica ha quedado seriamente afectada. Dicho lo cual, cumple decir que, ademas de un gran fotógrafo, es un intelectual empapado de historia del arte.

Es este mundo del arte moderno (abstracción hecha de las llamadas obras efímeras y la madre que las parió) asistimos a un proceso acelerado de mestizaje de las más distintas técnicas y disciplinas. Ya no hay solo fotografía, collage, ready-made o poemas visuales. Atrás quedaron los  caligramas de Apollinaire, las cajas del grandísimo Joseph Cornell o los collages de Max Ernst como obras raras por únicas. El bombardeo de datos y el acceso inmediato a toda la información sobre tendencias artísticas provoca un empacho cuyo sueño, igual que el de los románticos, debiera vomitar no monstruos, sino prodigios. Y así, si tiramos de Madoz, afloran Mackaoui, Isidro Ferrer, Joan Brossa, Man Ray, los Ready-Made, los collages de Alfonso Buñuel.... Si buceamos en Ai Weiwei nos sale una mezcla de Marina Abramovic, Niki de Saint Phalle o los rockeros cubanos que se inyectaron el SIDA en los 80 como acto de rebeldía. Y así, figuras como Alexandre Dumas, Sironi, el Bosco, Goya (siempre Goya) y ese primitivismo que Picasso supo hacer salir del hipotálamo atávico perviven ad infinitum. Eugenio D'Ors (uno de los pocos que en el franquismo podía criticar y salir impune) decía que en arte lo que no es tradición es plagio, y es harto difícil encontrar una obra 100% original. No por un afán de copia, sino por las influencias -conscientes o inconscientes- que todo creador despliega en el acto creativo y, seamos sinceros, por la consciencia de autodestrucción que impregna todo alma sensible y ae transmite al público en general (gracias, señor Jung, por arrojar cierta luz al respecto). De ahí que todo arte tenga algo de religioso y, si se bucea sin rubor, de funerario. No por morbo, sino porque, al trascender a su creador, da pistas sobre lo que nos trasciende a cada uno de nosotros. 

Egipto, los castigos del infierno de Dante vistos por Doré, las fotografías post-mortem, las diableries, los falsos esqueletos de sirena de los circos de freaks, las cabezas jíbaras reducidas, los trabajos de Joel-Peter Witkins o las masas que aplaudían las ejecuciones son todo uno, y son muestra de que el arte no muere, y resucita a los que en cada obra se encierran. 

El arte, siendo eterno, nos eterniza.

Perú


Perú es un lugar amable. De gente amable, que a veces piensa que el verdadero Dorado no era sino una fórmula que Pizarro se habría traido de vuelta al Bernabeu, en lugar de tanto oro. 
Un sitio de gente entusiasta de de la vida, que conserva algo que perdimos hace mucho: la curiosidad que se maravilla ante cada pequeño milagro diario.

En Perú, la comida sabe más, sin necesidad de ir a Astrid y Gaston. El caldo de gallina más sencillo, sorbido sin prisa en Abancay como parte del menú de cualquier casa de comidas, despierta cuerpo y alma.

Las mujeres policía reconvienen severamente, en esos uniformes maravillosos, a conductores capciosamente distraidos.

Las carreteras nunca acaban de terminar, siempre queda un kilometro más de glorioso paisaje, un último valle, un pequeño cementerio con 3 tumbas de espejos que recuerdan que el alma es lo que nos enfrenta cada día.

En Perú, el Inca pervive en el rostro arrugado de cada serrano, en el brillo del maiz negro, el frío seco de las carreteras que corren a cinco mil metros, el sincretismo de Vírgenes por siempre embarazadas -como la Pacha Mama-o la sal del chocolate. No hace falta subir al Macchu Piccu

Perú es mucho, quizás todo.